Visto lo visto, ¿nos hacemos un selfie?

En cuestión de meses, palabras como selfie, belfie, bed selfie y, lo último, selfie after sex, se han incorporado a nuestro lenguaje como si tal cosa. Hasta el Papa se deja fotografiar junto a sus seguidores para que luego estos presuman y dejen en sus perfiles sociales una instantánea para la posteridad. Como la que se hizo en la pasada edición de los Oscar Ellen DeGeneres con algunas de las estrellas del patio de butacas del Teatro Kodak. En pocos minutos triplicó el selfie de Barack Obama tras ganar las elecciones en 2012, con dos millones y medio de retuits. La popularidad del autoretrato ha alcanzado cotas inéditas, por eso, para el diccionario Oxford fue la palabra del año en 2013, aumentando su uso desde su primera aparición en 2002 en un 17.000%, un porcentaje que ya le gustaría al IBEX 35.

Con una fama de este parangón no era extraño que surgieran las versiones o sucedáneos. Como belfie, que es un autoretrato frente al espejo, algo que conocen muy bien Miley Cyrus, Rihanna y, sobre todo, Kim Kardashian, que seguro que nos deleita este fin de semana con alguno de su boda de ensueño en París. En muchos casos, la postura del autoretratado destaca una parte muy concreta de nuestra anatomía, el pompis, por decirlo fino, suele llevarse la palma en este tipo de fotografías.

En los últimos tiempos se ha impuesto el bed selfie, la foto realizada nada más despertar de un largo sueño y sin la sesión de chapa y pintura habitual. Una moda a la que se han apuntado muchas famosas para que sus fans vean lo guapas que lucen a primera hora de la mañana. Beyoncé, Lindsay Lohan, Zoey Deschanel, Cara Delevingne, Lady Gaga y Bar Refaeli no han hecho trampas como otras celebridades que se han atusado el pelo y se han maquillado un poquito para la ocasión. La premisa que nadie puede saltarse es que se vea bien que estás en la cama, liado entre las sábanas y las almohadas, y con cara de pereza total.

La versión más polémica es el selfie after sex (autofoto tras mantener relaciones sexuales), una práctica muy extendida entre jóvenes anónimos y poco recomendable para los famosos. Aunque hay quien bromea en este sentido, como el actor James Franco, que colgó en su Instagram una foto junto a Keegan Allen que ha dado mucho que hablar. En este apartado podríamos incluir las cientos de fotos de Nicki Minaj y Rihanna desnudas, porque tampoco sabemos si hubo o no algo antes o después de hacer ‘click’ en la cámara de sus móviles. Todos ellos son fanáticos de la autofoto, una herramienta que les permite empatizar con sus millones de seguidores en las redes sociales, y cuyos retuits marcan la temperatura del termómetro de la fama.


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