Tamara Falcó se despide sin brillos ni lujos

Bajar a la tierra y conocer la dura realidad es un ejercicio muy sano para recordar lo afortunados que somos aquellos que tenemos casa, alimento, familia y disfrutamos de una vida con todas sus necesidades básicas colmadas. Nos recordaba el pasado fin de semana Angelina Jolie en su discurso al recibir el Oscar honorífico, que somos muy afortunados, más de lo que podemos llegar a imaginar, y se preguntaba por qué a ella le había tocado vivir esa vida y no la de una de los millones de mujeres que sobreviven a duras penas en los campos de refugiados de todo el mundo. La labor filantrópica tiene como fin la ayuda desinteresada a los demás, algo que la megaestrella se tomó en serio hace muchos años visitando los campos de refugiados, pero sus viajes como miembro del Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados no son un escaparate promocional, vacíos de interés. Angelina se pone sus ropajes, habla con los refugiados, busca el testimonio de las mujeres, las madres… comparte su dolor, llora con ellos estén las cámaras o no. Recopila toda esa información y se atreve a poner colorada a media comunidad internacional con su incapacidad para cambiar las cosas.

Un rostro famoso defendiendo una causa de la manera en la que lo lleva a cabo Jolie genera la atención de medio mundo, y su empeño es ejemplarizante. En este sentido, el tratamiento médico preventivo por el que ha optado para alejar el cáncer de pecho de su vida, el mismo que se llevó a su madre y a su tía, podía haber quedado en la intimidad, sin embargo, nadie mejor que ella sabe que puede ayudar a muchas otras mujeres a hacerlo. Si ella lo hizo, por qué no tú, ella o yo. El altruismo se ha extendido como la pólvora entre las celebridades de más de medio mundo. Para cualquier ser humano conocer de primera mano las duras y difíciles circunstancias en las que sobreviven millones de personas es una experiencia que deja una profunda huella en el corazón y en el pensamiento. Como el poso que ha dejado en Tamara Falcó su visita a Mozambique para participar en una caravana solidaria. La hija de Isabel Preysler y el Marqués de Griñón con la cara lavada, sin vestidos de firmas, en pantalones , camiseta y zapatillas, alojada en una sencilla habitación de una residencia de monjas y sin ninguno de los lujos a los que está acostumbrada. Puede ser muy aventurado, pero en ninguno de los nueve episodios anteriores de We Love Tamara la hemos visto más guapa, más ‘trendy’ y más feliz. Su rostro lo dice todo, y sus reflexiones a lo largo del episodio nos muestran a una chica sin más, empeñada en ayudar en todo lo posible y no abandonar su colaboración una vez que el avión le devuelva a su maravillosa buhardilla madrileña.

La filantropía es una adicción, y Tamara ha cogido carrerilla para colmar esas ganas de ayudar desinteresadamente uniéndose a la campaña de ONG Manos Unidas, 24 horas que mueven el Mundo, junto a otros famosos solidarios, como su amiguísimo Boris Izaguirre y el guapo Eduardo Noriega. Con que un seguidor, fan o espectador se conmueva con la vivencia de Tamara en África y mañana llame a una ONG para poner su granito de arena, el viaje habrá merecido la pena. Llega la Navidad. Los maratones y campañas especiales se multiplicarán hasta el infinito en fechas tan entrañables, sin embargo, el resto de los 11 meses del año también nos necesitan. We Love Tamara finaliza su periplo en Cosmo con un mensaje positivo, de esperanza, esa que nunca nos podrán arrebatar.

Recuerda que si quieres ver el episodio online de esta semana (y resto) puedes hacerlo en:
http://www.cosmopolitantv.es/welovetamara/vercapitulos/


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