El azul, el nude y el negro mandan en la reivindicativa alfombra roja de los premios Goya

La fiesta del cine español alcanzó su 28ª edición en un híbrido de glamour y protesta que arrancó en la alfombra roja del hotel Auditorium de Madrid, donde se concentraron manifestantes de Coca Cola, Plataforma Antidesahucios y los representantes del colectivo de figurantes, y se extendió durante toda la ceremonia de entrega por la ausencia del ministro de cultura, Ignacio Wert. Por el paseíllo del hotel lucieron palmito los nominados y los invitados, en un desfile de modelos ‘made in Spain’ que se mezclaron a la perfección con diseñadores internacionales, como Dior o Elie Saab. El azul fue el color elegido por tres de las candidatas a mejor actriz: Inma Cuesta con un elegantísimo Iván Campaña; Marián Álvarez, que escogió a Miriam Ocáriz, y Nora Navas, la menos acertada con un modelo de Gabriela Cadena que no le hacía justicia a la protagonista de Todos queremos lo mejor para ella.

También fue la noche de los blancos, los tonos crema y dorados, por los que apostaron Marta Etura, vestida de Lorenzo Caprile; Macarena García, con un Roberto Cavalli Couture que parecía quedarle grande; el Zuhair Murad de la siempre acertada Juana Acosta; y el precioso y elegante vestido de Carolina Herrera con lazo a la espalda que vistió Dafne Fernández. Deslumbraron la elegantísima Nieves Álvarez con Ralph and Russo y Clara Lago, con un Zuhair Murad que se ajustaba perfectamente a su delgadísima figura.

No obstante, el negro, un clásico de la alfombra roja, también estuvo muy presente en los estilismos de Blanca Suárez, con un Elie Saab largo completamente transparente que hubiera brillado más si la chica de moda hubiera apostado por un recogido más elegante que una coleta alta y desaliñada; de Mar Saura (Michael Kors) y de Kira Miró, que apostó por un Roberto Cavalli que la quedaba como un guante y dejaba toda la espalda al aire; o de Blanca Romero, que optó por Armani. Impresionante en este sentido el vestido palabra de honor y con larga cola de Alberta Ferreti que vistió la nominada Aura Garrido; el Stephane Rolland de la recuperadísima Silvia Abascal; y los elegantísimos Giorgio Armani que lucieron Ana Belén y Elena Ballesteros. Los looks masculinos por los que apostaron Mar Regueras (Caprile) y Elia Galera (Dolce & Gabbana) estuvieron entre los grandes aciertos de una noche en la que David Trueba y Álex de la Iglesia se repartieron las ansiadas estatuillas.

Vivir es fácil con los ojos cerrados obtuvo seis premios, entre ellos los más destacados, mejor película, mejor dirección, mejor actor protagonista (Javier Cámara) y mejor actriz relevación (Natalia de Molina), mientras que Las brujas de Zugarrarmundi arrasó con ocho, la mayoría en categorías técnicas, y procuró a la veteranísima Terele Pávez el galardón como mejor actriz de reparto, poniendo al patio de butacas en pie. Marián Álvarez se llevó el de mejor actriz protagonista por La herida, así como Fernando Franco, como mejor director novel. Roberto Álamo cumplió con las quinielas subiendo al escenario como mejor actor de reparto por La gran familia española, y Javier Pereira se jalonó como mejor actor revelación por Stockholm.

El lema de la noche fue el amor por el cine español, sin embargo se convirtió en la ceremonia de las quejas y los reproches por la grave situación de la industria, cinceladas por todos y cada uno de los que subieron a recibir su galardón; y el de la ausencia del ministro, verdadero protagonista de la noche. Manel Fuentes, anfitrión de la gala, nos dejó con la miel en los labios a muchos de los que esperábamos más, mucho más, de él como maestro de ceremonias, con un meneo de brazos continuo y una falta absoluta de naturalidad a la hora de leer el teleprompter. En más de un momento echamos de menos a la más grande en estas citas, Rosa María Sardá, a la que se encomendó el catalán con pésimo resultado. Arrancan los Goya 2015.


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