De Woody a Justin, los escándalos no saben de edades

Uppss… En medio mundo no se habla de otra cosa: los presuntos abusos de Woody Allen a su hija adoptiva cuando tenía siete años. Media meca del cine anda ojiplática y la otra media dirá aquello de “se veía venir, se casó con una de sus hijas”, en referencia a su polémico matrimonio con Soon-Yi Previn, uno de los muchos hijos adoptivos que tuvo con Mia Farrow. Ahora entendemos que la combativa actriz no le quiera ver el pelo. La carta de Dylan Farrow a uno de los diarios más populares de Nueva York es estremecedora y relata con todo detalle los abusos a los que le sometió su padre adoptivo; cómo Allen se las arreglaba para estar con ella a solas; y cómo la frecuencia y la rutina lo convirtieron en un hecho normal. Como prueba este botón: “Pensé que era así como los padres se portaban con sus hijas”, escribe la víctima. Sin embargo, el relato escrito por esta joven de 28 años, ahora felizmente casada, no acaba ahí, va más allá y cuenta las consecuencias que llegaron poco después. Terror, desórdenes alimenticios, pánico a que un hombre la tocara y autolesiones como castigo.

El caso es que esta denuncia contra el director ha caído como un mazazo entre sus compañeros de profesión a pocos días de celebrarse los Oscar, donde su última cinta, Blue Jasmine, opta a varias estatuillas. No es la primera vez que vemos a un director cinematográfico señalado por una de las víctimas de sus abusos. Ahí tenemos a Roman Polanski, escondido de la justicia para no cumplir una condena de abuso sexual tras la denuncia presentada en 1977 por Samantha Gailey, una adolescente de 13 años por aquel entonces que el polaco llevó a su casa de Mulholland Drive para una sesión fotográfica y con la que mantuvo relaciones sexuales no consentidas en el jacuzzi. El director no ha vuelto a pisar Estados Unidos ni Reino Unido.

Y de un septuagenario con graves problemas a un adolescente que en las últimas semanas no para de protagonizar escándalos, peleas, detenciones… Una larga lista delitos que ponen a Justin Bieber fuera de Estados Unidos. Cada vez son más las voces que piden su deportación a Canadá, de donde es oriundo el artista, por sus continuados comportamientos fuera de la ley. Tras ser detenido en Miami por consumo de drogas, alcohol, conducción temeraria y carnet de conducir caducado, el ídolo musical pagó la fianza y puso rumbo desde Miami a Panamá para calmar los ánimos. Hasta allí se desplazó su madre y Usher, el productor musical que además es su mentor, para intentar redirigir una conducta que parece llevarle directamente al abismo. Pero ni corto ni perezoso, el cantante ha vuelto a revolucionar las redes con una foto junto a su ‘amigo’ Khalil Sharieff chupando el pecho a una stripper. Las believers están escandalizadas con la actitud de su ídolo y, aunque le defienden a capa y espada, también son muy críticas con el trato que le está dando a su supuesta novia, Selena Gomez, con la que juega al perro del hortelano


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