A palabras necias, oídos sordos

El verano da sus últimos coletazos y quedan pocas ganas para darse un chapuzón, momento ideal para entablar una curiosa conversación con una semejante, que como yo, lleva ya mucho tiempo sin catar varón. Después de divagar sobre lo complicado que es hoy en día comerse un colín –los que no están casados o tienen novia son gays– hemos coincidido en la difícil frontera en la que se mueve la mujer moderna e independiente cuando es ella la que da el primer paso.

No conozco hombre, amigo, conocido, compañero de trabajo, hermano… que no le haya dedicado el apelativo de ‘golfa’ a aquella chica que se cruzó una noche en su vida y le propuso un aquí te pillo aquí te mato. Si no me equivoco, los hombres, que siempre os habéis quejado de estar a expensas de la última palabra de la mujer en cuestiones sexuales, os encanta que seamos nosotras las que tomemos la alternativa. Sin embargo, cuando hacemos uso de ese ‘privilegio’, somos unas lanzadas.

Hace tiempo que me aplico la filosofía de vida de Samantha Jones en Sexo en Nueva York, la única que hace uso de los hombres como llevan haciendo ellos con nosotras desde los albores de la Humanidad. A Sam lo que piense el mundo la trae al pairo, como a cada vez más mujeres entre las que me incluyo, y no se corta a la hora de pedir sexo explícito a los chicos, algo que ella podría estar haciendo a todas horas.

Sus frases podrían convertirse en uno de esos decálogos que arrasan en los perfiles femeninos de las redes sociales. Comparto con este personaje aquello de que “si te lo hace mal una vez es culpa suya, tuya si son más veces” o que “el único lugar en el que puedes controlar a un hombre es en la cama”. Esta chica lo clava y su eterna sonrisa delata la plenitud de la goza.

Y no es la única. Meredith Grey  tampoco se anda con chiquitas. La trama de la médico residente de Anatomía de Grey arranca con el ‘macizo’ revuelto en sus sábanas después de una noche de esas en las que es mejor no pensar y dejarse llevar. Aunque entiendo el bajón de la brillante doctora cuando se entera de que su historia de una noche la ha vivido con su jefe ¡Tierra trágame!

Tampoco se queda corta Gabrielle Solís en Mujeres Desesperadas. Aunque en temporadas más recientes vemos a una mujer entregada a su matrimonio con Carlos, el provocativo personaje que interpreta Eva Longoria mantiene una tórrida relación con el jardinero adolescente en la primera entrega. En cuanto tienen oportunidad dan rienda suelta a su pasión, estén donde estén, sin remordimientos de conciencia y sin miramientos, entre petunias y rosales, pero yo la entiendo porque con el cuerpo y la cara que tiene Jesse Metcalfe, ¿quién no pecaría?


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios