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Psicología

Un mundo feliz

Que estas fechas no te engañen

Ahora se puede, se ha abierto la veda, todo se justifica, todo se acepta, todo vale. Estamos en Navidad.

Diciembre es el mes donde te consientes y te maltratas a partes iguales. Este mes te permites el dulce, las comilonas, tomar más alcohol que nunca, tener cenas casi a diario, ver a todos tus amigos y a muchos de tus enemigos.

Puedes comer sin sentirte culpable, comprarte cosas o pedir que te las regalen, consentirte y consentir. Compartes mesa con tu suegra, con tus hermanos, con tus sobrinos y con cualquier primo que decida invitarse.


No dices a nada que no.

Es diciembre, todo vale. Es el mes de comer sin mesura, de gastar sin control, de darte al exceso y a la frivolidad.

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No pasa nada, está todo bajo control, ya llegará enero con su tragedia y su restricción.
Nos felicitamos por el año nuevo pero, en cuanto comienza, empezamos a machacarnos, a ponernos normas, a restringir gastos y vida social. Enero es el mes de ahorrar, de apuntarnos al gimnasio, de cambiar de vida, de dejar de fumar, de adelgazar, de cuidarnos y de ser austeros.
Fuera cenas, se acabó la diversión y el dulce y las risas y la vida en general.

Es cierto que hay tradiciones y que puede gustarnos mantenerlas pero parémonos un momento a pensar.
¿Quién nos ha inculcado este desparrame en todos los sentidos?, ¿de verdad crees que hinchándote a dulces vas a ser más feliz?, ¿en serio te sientes más querida por pedirle a alguien que te regale un capricho que te podías haber comprado tú hace tres meses?

Buscamos cariño probablemente por el camino equivocado, ni el azúcar ni un objeto nos van a hacer más dichosas, ni necesitamos que nos impongan cuando gastar, cuando quedar con amigos y cuando ver a la familia.

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Este mes hay que consumir, ver a quien no has visto en todo el año, comprar mil detalles y atracarte de comida, todos como un ejército bien dirigido y organizado.  
Se me viene a la cabeza el libro Un mundo feliz ,de Aldous Huxley y pienso, ¿habrá alguien detrás de todo esto?
Este señor hablaba de una utopía, de un mundo dividido en castas, de un engranaje social en el que todos eran felices.

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Si eres un épsilon, trabajarás todo el año para gastarte los cuartos en un marisco sobrevalorado sólo por acercarte socialmente por un día a la casta de los alfas.
Los beta nos reuniremos con la familia, alrededor de una mesa repleta de comida y la televisión bien alta recordándonos que tenemos que brindar y echarnos al gaznate algo con burbujas. Un cava,  una sidra acampanada, o champagne francés si eres alfa o quieres parecerlo.

El mes que viene, cuando cambie la directriz, la seguiremos sin rechistar. Tocará austeridad y todos comentaremos lo que nos hemos excedido el mes anterior y lo buenos y aplicados que vamos a ser este año nuevo. Entre otras cosas, porque hemos dejado nuestras arcas bajo mínimos pero también porque es lo que la marea dice que hay que hacer en ese momento.

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¿Y si pruebas a salirte de la fila e ir por libre?, no es necesario causar un daño moral irremediable, quizás no puedes evitar la visita a casa de la familia política pero tal vez puedes decidir si te apetece hincharte a turrón o si quieres salir a cenar tres días consecutivos.
A veces produce placer saltarse las normas, desobedecer y actuar según tu propio criterio. No pasa nada por perderte un ratito del resto del rebaño.

Puedes parar y escucharte, decidir según tu propio criterio cuanto quieres participar de esta vorágine y, por supuesto, cuanto de aplicada y buena piensas ser el mes horribilis, o sea, el que está al caer.

Personalmente me niego a que alguien, que además no tengo claro quien es ni le conozco, decida que tengo que esperar a diciembre para permitirme un capricho o que en enero tengo que hacer penitencia.

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Elige decorar tu casa o no, hazlo si te apetece pero no porque es lo que toca. No es obligatorio ni lo marca la tradición y eso es inamovible.

Cuestiónate por qué quieres imitar a los celtas, esos que empezaron a colocar arbolitos para festejar al dios sol. Cierto que más tarde esa costumbre pasó a los cristianos y, con los años, se nos fue yendo de las manos… lo mezclamos con la tradición de un señor barbudo que empezó vestido de verde y anunciando un refresco y acabó siendo el que entraba con un saco por la chimenea a traernos juguetes a todos, sólo si habíamos sido buenos.

La excusa de las creencias religiosas tampoco parece tener mucho fundamento para justificar este despliegue si, normalmente, lo que se promueve desde esa visión es compartir, austeridad, recogimiento y vida familiar.

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Claro que puedes disfrutar de la iluminación navideña, de colocar un belén ideal con río y todo,  de las cenas en grupo, del ambiente festivo, de los abrazos de los amigos y del guiso de tu madre. 
Tal vez no de todas estas cosas y quizás no necesariamente este mes.

No me gusta diciembre si luego tengo que vivir un enero triste y austero.
¿Un deseo para el año que viene?, que aprendamos a vivir todos los días no sólo los que el calendario nos señale con un color diferente.


Sobre la autora: 
Ingrid Pistono, licenciada en Psicología con Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional.




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