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Psicología

¿Qué es la filofobia o el miedo a enamorarse?

Cómo identificarla y combatirla

filofobia


A todos nos entra algo de vértigo cuando conocemos a una persona que nos atrae. Una sensación absolutamente normal que nos recorrerá sin importar cómo de seguros estemos sobre nosotros mismos. Existen en cambio personas a las que invade el terror, la ansiedad y el estrés cuando se encuentran en esta situación: la filofobia es el miedo a enamorarse o a comenzar en una relación romántica.

Aunque es un término relativamente nuevo, cada vez más especialistas de la salud mental lo reconocen. Se puede clasificar la filofobia como el miedo a crear lazos afectivos con otra persona, y aunque el ejemplo más claro de esto es el del amor romántico, también puede darse en personas que no quiere sentirse cercano a familiares, amigos o compañeros de trabajo.


Posibles causas


Aunque no hace falta que la filofobia se fundamente en experiencias de nuestro pasado, estos profesionales de la salud mental señalan que quienes la padecen suelen ser personas que han sufrido experiencias de fracaso amoroso, infidelidades o pérdida del ser querido. 

La filofobia se asocia al miedo de participar en un romance, pero sus raíces pueden encontrarse también en nuestra niñez.


Aquellas personas que no se han sentido amadas por parte de sus padres durante su niñez pueden acabar creciendo con un rechazo natural a enfrascarse en nuevas relaciones por el temor a no sentirse queridos.

De igual manera, la filofobia puede darse en personas con baja autoestima, y su verdadero miedo es que sean otras personas las que queden defraudadas al conocerlos mejor, caso que se daría al empezar una relación sentimental.


Cómo identificar la filofobia en nosotros


Un filofóbico nunca da pie a empezar una relación sentimental. Si alguien los sondea a base de preguntas para conocerlos mejor, los filofóbicos siempre sortearán la cuestión evitando hablar de ellos mismos y mostrando una capa impermeable que la otra persona no pueda traspasar.


Imagen Vía


Mientras para la mayoría de las personas el enamoramiento provoca nervios moderados y una sensación de mariposas en el estómago, para los filofóbicos es una experiencia dolorosa y negativa. La ansiedad les invade hasta el punto de anularlos socialmente, provocando sudoración, temblores, pérdida del control de sus actos, reacciones violentas, arritmia, falta de aire e incluso desórdenes gastrointestinales.

El mero hecho de verse a sí mismos bajo estas condiciones les hace querer huir aún más de la sensación, alejándose de la persona que les interesan y quemando los puentes tras de ellos. Por supuesto, estos hechos agravarán aún más su filofobia por su vergüenza ante su propia incapacidad de relacionarse y a que otras personas las vean de este modo.


La vida de un filofóbico


Sean o o conscientes de la fobia que sufren, estas personas suelen encerrarse en una burbuja donde ellos controlan cada aspecto de sus vidas evitando incluso que entren críticas de los demás. 

Una zona de confort en la que estar solos sin tener que probarse ante el resto. El mero hecho de pensar en abrirse puede hacer que esa sensación de angustia y estrés les invada, así que es más que probable que la filofobia no tratada se agrave más con el paso del tiempo al estar acostumbrando día a día a nuestra mente a vivir en soledad, haciendo más difícil volver al ruedo social.


Filofóbicos en relaciones


Todo esto no quiere decir que un filofóbico pueda participar en una relación. Pero será siempre según sus condiciones.

Normalmente se pueden enamorar de personas inalcanzables. De conocidos con pareja estable a famosos. Su mente justifica que no inicien una relación no por la falta de voluntad, sino por la imposibilidad de hacerlo dada siempre por circunstancias ajenas a ellos.

Muchos otros comienzan relaciones a sabiendas de que tienen una pronta fecha de caducidad: suelen relacionarse con personas muy diferentes a ellos mismos, que incluso pueden clasificarse de incompatibles dentro de sus propios términos, para que sean estas diferencias las que acaben provocando una fricción en la pareja que desemboque en una ruptura natural sin culpables ni víctimas.


Boicoteando tu propia relación


En caso de empezar a enamorarse sinceramente de una de estas parejas con fecha de caducidad serán los propios filofóbicos los que comiencen a boicotear la relación. Hay varias maneras de hacer esto.

Bombardear su propia mente con pensamientos negativos suele ser la más común. Autoconvencerse de que la otra persona no es para nosotros por los motivos que sean. Así no solo acabarán con el noviazgo, sino que también estarán mentalmente justificados a hacerlo para "no perder más su tiempo y el de la otra persona".


Imagen Vía


Otra manera es arrinconar a la pareja para que sea ella quien corte con ellos. Suelen hacerlo comenzando discusiones por cualquier motivo solo para socavar la confianza entre ambos, convirtiéndose en personas desagradables que están listas para ser despedidas. Otra manera similar pero más pasiva es bajar los brazos y dejar de aportar a la relación, aislándose hasta tal punto que la pareja vea imposible volver a acercar posturas. Dejar morir de hambre tu propia relación.


¿Se puede salir de la filofobia?


La mejor manera de tratar la filofobia es a través de psicólogos y profesionales de la mente. Como toda fobia, los que la padecen caen cada vez más en sus redes por la ausencia de enfrentamiento a estos miedos, que pueden llegar a convertirse incluso en tabúes mentales sobre los que ya ni siquiera pensamos.

Hablar abiertamente con profesionales de la psicología nos ayudará a verbalizar este problema ante una persona que no es un interés amoroso, por lo que no tendremos nada que perder y sí mucho que ganar.

Ellos nos ayudarán a descubrir las causas de este temor y analizarlas una vez identificadas. Es algo que podríamos hacer nosotros mentalmente, pero será mucho más efectivo si lo hacemos ante otra persona pues la primera barrera que hemos de romper es la de la falta de comunicación.

Y cuando estamos listos, lucharemos contra la filofobia como se lucha contra todas las focias: enfrentándola. Por supuesto, no se trata de pedir matrimonio a la primera persona que se nos cruce, sino de ir dando pequeños pasos hasta que identifiquemos el lugar donde nos encontramos y la dirección que hemos de seguir para salir de allí.

Estos profesionales de la mente nos ayudarán a derribar otras barreras como la falta de confianza en nosotros mismos y en los demás, el fatalismo aplicado al futuro, la negatividad y el aprender a disfrutar del aquí y del ahora en lugar de dejar volar a nuestra mente a pasajes más oscuros.

Dejar atrás el pasado y volver a ilusionarnos con el futuro.


Imagen de portada Vía







Manuel Varela
Redactor web


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