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Psicología

¿Qué es la felicidad?

Hablemos sobre la felicidad

Todos hablamos de ella, la buscamos o la añoramos  pero la mayoría no podemos alcanzarla porque no sabemos en qué consiste ni dónde diablos está.

He dudado si escribir sobre un tema del que se ha hablado tanto porque es inevitable caer en lo obvio, ser ñoña  y repetirse. Finalmente me he lanzado porque pensar sobre ello nos puede favorecer.

La búsqueda de la felicidad encierra una tremenda ironía, queremos aferrarnos a ella para evitar ser infelices y ese esfuerzo puede resultar tan agotador que nos impida estar bien.

La felicidad no consiste sólo en sentirnos a gusto, con unos vinos encima nos podemos encontrar de maravilla pero eso no nos convierte en una persona feliz.
mujer con sandia

En nuestra sociedad del bienestar tenemos medicinas y cirugías, comidas de todos los sabores, acceso a la cultura y al arte, justicia o algo parecido, entretenimiento, ocio y muchísimas oportunidades. 

Estamos refalfiados pero todo ese lujo y poderío no nos lleva a un estado de felicidad, cuanto mejor vivimos más nos complicamos la vida. No hay más que echar un vistazo alrededor para ver los problemas que tenemos de ansiedad, anorexia, adicciones, baja autoestima o soledad.

Nuestros antepasados vivían en grupo, se necesitaban unos a otros para subsistir. Mientras el hombre de tu casa estaba cazando, su hermano o su primo protegían la cueva y la tataratatarabuela recolectaba semillas con un pequeñajo agarrado a la pierna al que probablemente cualquier otra mujer de la tribu podría alimentar si a ella se la comiese un león.

Si el clan te daba la espalda no tenías nada que hacer, desde que el mundo es mundo nos hemos necesitado unos a otros para sobrevivir.
Tal vez es debido a esa herencia el que nos pasemos la vida comparándonos con los demás, necesitamos ser aceptados.


No somos nadie sin una familia, una comunidad o una pandilla.

El problema es que antes éramos cuatro gatos pero ahora el grupo se ha multiplicado a lo bestia. Nos comparamos con nuestros conocidos pero también con cualquiera que veamos en la televisión, en las redes sociales o en una revista.

Imposible salir bien parados en esa confrontación porque, además, otra de nuestras características es que magnificamos las bondades ajenas y minimizamos las nuestras.

Tenemos creencias sobre la felicidad que nos limitan, asociamos el éxito, el dinero o la belleza con ese estado y nos frustramos.

Propongo que en lugar de compararnos con los otros, empecemos a compararnos con lo que podemos ser nosotros.

Como decía Bertrand Russell, “Quien quiera aumentar la felicidad humana, debe querer aumentar la admiración y disminuir la envidia”. No puedo estar más de acuerdo con él.

Admirar nos estimula y nos invita a mejorar y envidiar, por el contrario nos genera malestar y nos impide avanzar.

Cuanto más nos cuidemos, mejor nos encontraremos. Podéis considerar que esa postura es egoísta y no voy a discutirlo pero, ¿qué significa ser egoísta?

Si no rivalizásemos todos seríamos iguales, nadie mejoraría ni competiría. Imaginaros unos padres que no se esforzasen por educar a sus hijos, darles al menos las mismas oportunidades que tuvieron ellos, o un mundo sin deportistas de élite ni intelectuales. Si no nos confrontamos, no nos superamos.

Preguntaros si preferís fracaso o frustración y si os suena mejor cooperar o competir. Ya sé que es un topicazo y que lo habréis leído mil veces, pero parece que el secreto de la felicidad no está en la búsqueda de más sino en aprender a disfrutar de menos.

Nos acribillan con mensajes de positividad, nos dicen que tenemos la obligación de ser felices, vamos mal si intentamos serlo por imposición.

La felicidad depende más de nuestra actitud que de cualquier otra cosa, por suerte o por desgracia no es algo que nos puedan facilitar los demás. Cuanto antes comprendamos esto, antes podremos empezar a sonreír.

Queremos que todo sea perfecto y cualquier varapalo nos impide ser felices, tal vez porque esperamos mucho y aceptamos poco.

Estamos siempre preocupados y eso nos hace olvidar el presente, “a los cincuenta tendré mi casa pagada y me podré ir más lejos de vacaciones”, “a los sesenta me retiraré y tendré más tiempo para mí”.
Tenemos una idea de lo que nos puede hacer felices pero lo dejamos para más tarde, tal vez es porque tenemos miedos mortales pero nos creemos inmortales.

Volvamos a mirar alrededor con otros ojos, no esperemos a perder algo para valorarlo. Invirtamos tiempo en emocionarnos, curiosear y crear.  Dejemos de soñar y empecemos a actuar.

Para ser felices necesitamos querernos y para querernos cuidarnos. Sugiero dormir mucho y soñar largo, cuidar nuestro envoltorio y buscar cómo estar satisfechos con él. 
Necesitamos sentirnos y vernos bien antes de observar alrededor y ser capaces de sonreír.

Escuchémonos y escuchemos, probablemente descubramos que la felicidad está en lo cotidiano, lo que resulta una suerte porque eso es justo lo que tenemos al alcance de la mano 


Ingrid Pistono
Ingrid Pistono, licenciada en Psicología con Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional.


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