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Psicología

Cómo adaptarse al confinamiento por el COVID 19

Consejos para adaptarse al confinamiento

Estar encerrados genera tensión y un agravamiento de todo lo que ya nos iba regular. Si antes teníamos ansiedad, depresión o hiponcondría, ahora se nos ha ido de las manos. 
El aburrimiento, la incertidumbre y el miedo nos hacen más adictos y más imaginativos a la hora de encontrar excusas y justificación.

El confinamiento  se está convirtiendo en una oda al rebozado, la bollería industrial, el azúcar, las patatas fritas, el ketchup o las aceitunas aliñadas. Estas últimas tienen justificación, con algo había que acompañar el aperitivo.

Descorchamos botellas de forma compulsiva pero la culpa es de las videollamadas, no nuestra. Todo controlado, no obstante, porque cada horario tiene su bebida.


Café hasta la hora del vermut y después de comer hasta la hora del gin tónic. Respecto al vino y la cerveza, el momento varía según sea viernes o lunes, según si hay luna llena o según como tengamos las hormonas de alteradas.

mueble bar


Se ha generalizado el miedo, tememos por la salud, la cuenta corriente o por el curso escolar. Hemos dejado de controlar nuestro entorno y eso nos genera incertidumbre. A saber qué pasará.


Teletrabajar no ayuda a calmar esta inquietud, no estamos acostumbrados a tener varias pantallas acechándonos en el dormitorio ni a comer en una mesa auxiliar porque la del comedor se ha convertido en oficina temporal. 
Nuestra valía y buen hacer se tambalean, no estamos en igualdad de condiciones si nos cuesta horrores encontrar el enlace para abrir un zoom o si tenemos que lidiar con varios enanos incapaces de distinguir entre el momento de jugar y el de trabajar. Poder cocinar o poner la colada entre videollamada y respuesta a los mails, tampoco facilita la concentración.

mujer en la cama ordenador

El que vive solo se enfrenta a sí mismo y quien está confinado acompañado daría su mano izquierda por estar en su lugar.

Los adolescentes, diseñados para tener el menor roce posible con sus progenitores, se ven obligados a retroceder en su etapa vital. Largarse de casa a vivir debajo de un puente no es una posibilidad.
Los niños no entienden por qué ya no hay parques ni colegio ni amigos, aunque a cambio disfruten mucho más de papá y de mamá.

Las parejas se reencuentran y reenamoran o empiezan a ver los pequeños defectillos del otro como algo francamente insoportable. Es lo que tiene este 24/7 que es capaz de sacar lo peor y lo mejor de cada uno.
Los que no conviven vuelven a ese “cuelga tú, cuelgo yo” o se bloquean sin molestarse ni en dejarse por WhatsApp.

De 0 a 100 años todos estamos a ratos susceptibles, negativos, preocupados, confusos, irascibles, irritados, temerosos, apáticos o tristes.
El miedo a tantas cosas nos lleva a somatizar, perdemos los nervios y tenemos síntomas variados y dispares.
Nos duele la cabeza, se nos irrita la piel, retenemos líquidos, estamos tensos, nos estreñimos, dormimos poco y mal o nos ahogamos. Algunos hasta  pierden el apetito, a esos les vamos  a señalar con envidia cuando termine todo esto.


Nos da por gritar o por llorar, pasamos de ser Dr. jekyl a Mister Hyde sin entender cual es el detonante de ese cambio.
Ser conscientes de nuestra bipolaridad no significa que sepamos gestionarla.
Necesitamos resetear, librarnos del mal rollo, cargarnos de energía positiva y recalcular nuestra ruta cada vez que perdemos el norte.

La mejor manera de no salir demasiado quemados de este encierro es sonreír, el humor favorece nuestra resiliencia, esa maravillosa capacidad para adaptarnos a las situaciones diferentes.


Tal vez es el momento de aprender a freír un huevo, a coser un botón o a teñirte. Esto último puede evitarte una depresión aunque respecto al color vete sin expectativas, es imposible saber cual será el resultado de un castaño cobrizo caoba en tu melena.

Hacer de profesor, entretener a los niños con manualidades, contar cuentos inventados y planchar los cuellos de la camisa en la dirección correcta debería convalidarse como Máster en la universidad.

Limpiar y ordenar el nido ayuda a encontrar sosiego pero ojo, no vaya a ser que te excedas con el rollo marujil y consigas estresarte si no te ves reflejada en los pomos de las puertas, esos que hasta ayer pensabas que eran mates y opacos.


Toca tirar de sensatez, sentido común y de todo en su justa medida, nada más y nada menos. 

Mejor bailar, leer y jugar que escuchar las noticias y leer los bulos del whatsapp. 
Las estadísticas, y el mal humor se propagan incluso con las ventanas cerradas. Ábrelas, por cierto, a diario para aplaudir, fortalecerás los tríceps y segregarás dopaminas, serotoninas y todas esas sustancias que estimulan tu sonrisa.


El truco es introducir el buen humor en la rutina, es la mejor medicina para liberar tensión y para hacer frente a los que están de mal café.
Vamos a cambiar el miedo por la creatividad, a poner el foco en lo bueno y a imaginarnos un mundo feliz.
La sonrisa es el repelente del miedo, lo mismo que el ajo para los vampiros. 

Resumiendo y como siempre, cultivemos el sentido del humor y el sentido común. 


Ingrid Pistono
Ingrid Pistono, licenciada en Psicología con Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional.


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