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La diferencia entre enamorarse y ser adicto al amor

Una droga natural pero peligrosa

04/05/2017
Para bien o para mal, todos hemos estado enamorados. Todos hemos sentido esa alegría infinita en nuestro interior, como hemos sentido ese enorme desasosiego y ansiedad cuando no nos sentíamos correspondidos o nuestra relación atravesaba un bache.

Porque aunque es muy bonito pensar que nuestros sentimientos nacen del corazón, lo cierto es que es en el cerebro donde ocurren todas esas maquinaciones.

La culpable de que nos enamoremos tienen un nombre: dopamina, un neurotransmisor químico que se segrega en nuestro cerebro en los momentos en los que experimentamos placer.

Y como pura química, puede ser estudiada. En la Universidad de Oxford se han puesto las pilas y han recopilado todos los estudios sociológicos que hablen sobre el amor, empezando por los publicados en 1956 y acabando con los que lo hicieron ayer mismo. Los han contrastado y sacado conclusiones que han sido publicadas en la prestigiosa revista Philosophy, Psychiatry and Psychology.

La primera gran conclusión a la que han llegado no es un nuevo pensamiento: debido a esta dopamina, la adicción al amor puede ser tan dañina para nosotros como lo es la adicción a las drogas.


Pero el amor en sí no es peligroso, estarás pensando y no sin razón. No, no lo es, pero lo que sí es perjudicial son los sentimientos o las acciones que llegamos a experimentar si nos hacemos adictos a el.

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Los estudiosos de Oxford nos explican que, como en una adicción a las drogas, la búsqueda de esta dopamina nos puede perjudicar a la larga. No se trata de recorrer oscuros y peligrosos callejones en busca de un camello que nos proporcione nuestra dosis, sino que nosotros mismos provocamos las acciones que nos sumerjan en una nueva relación de pareja, la queramos realmente o no. 

Por eso se habla de la adicción al amor y no a la adicción a una persona en concreto. Porque a los adictos al amor les importa poco con quién estén saliendo, les importa más el hecho de estar en una relación. La búsqueda de esta dopamina en nuestros cerebros que les haga sentir llenos de nuevo.

Porque ahí radica el principal problema de esta adicción. Como las sustancias más peligrosas, la dopamina genera una dependencia en aquellos que se acostumbran a segregarla. No pueden dejar de buscarla porque llegan a sentir terriblemente su ausencia. Sin ella, sufren de depresión y ansiedad.

Brian Earp, profesor del Centro de Neuroética de la Universidad de Oxford y encargado del estudio, distingue entre dos tipos de adictos al amor.

Por un lado están los que harían cualquier cosa por volver a sentir esa dopamina recorriendo su cerebro, y dejan de mirar por el bienestar de la persona amada sufriendo una verdadera obsesión por ella, lo que puede generar comportamientos peligrosos como el acoso o los malos tratos. Como si se tratara de una droga, nada se interpondrá en su camino para conseguir su siguiente dosis.

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Por otro lado están aquellos que se reservan todo el sufrimiento para ellos mismos. Se vuelven adictos y totalmente dependientes de la otra persona. Su estado de ánimo dependerá únicamente de la salud de esta relación y vivirán en un continuo estado de ansiedad temiendo que en cualquier momento pueda acabarse.

La comparación con la drogadicción funciona en ambos casos, ya que estos adictos viven un gran momento de euforia pasajera cuando se encuentran con su ser amado, que se va convirtiendo en ansiedad por el reencuentro cuando están separados.

Como ves, esta adicción tiene poco que ver con el amor real, es decir, con idolatrar y desear a una persona, y más con la búsqueda del placer y la calma que nos genera la dopamina. 

Estar enamorado es algo maravilloso, pero todos tenemos que hacernos la pregunta de si este amor es real o sólo perseguimos una agradable sensación.

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