Intereses comunes

No sé quién está más atento a estos dibujos…

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Si el de 3, o el de 69 añicos.

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No, no es que los nietos transformen a los abuelos. Es que hay abuelos que, de toda la vida, han manifestado interés por las cosas, correspondan a la edad que correspondan. Una suerte, la verdad. Y ahora, con excusa.

Desarmando a los adultos

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¿Cómo se puede resistir alguien a cogerlo? Espero que de mayor me pague él la operación de espalda.

Y no tiene consideración ni misericordia con nadie. No respeta ni la edad. Que se lo pregunten a su abuela.

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Esta foto no puede ser más preciosa. Al verla en el móvil, tuve que meterlo luego en arroz, de lo que lo babeé.

Yo para ser feliz quiero un camión

Se despierta El Cachorro en mitad de la noche y le propongo meterme en su cama para dormir un ratito con él. Retiro el camión con el que había decidido dormir y me acomodo a su lado. Porque resulta que él no se duerme si no es con algún vehículo. Dice que le cuidan. Normalmente es con un par de coches que le caben en sendas manos. Pero a veces, como esta noche, le da por meterse con el camionaco.

– Nooooo. ¡Mi camión! Quiero el camión – me salta.
– Pero, cariño, si con el camión no quepo. Ya te cuido yo, mi vida.
– No, quiero el “jubete”.
– ¿Prefieres el camión a mamá?
– ¡Zí!

Pues no se hable más. Me he bajado de su cama y le he metido el camión.

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Diosss, a ver cómo encajo ahora esto.

Lucha libre

Tengo una queja. La mujer que cuida a mis niños lleva al bebé hecho un zarrio. En casa lo pone en plan chandalero con ropa que no sé ni de dónde la ha sacado. Además, siempre partes de arriba y de abajo desparejadas. Un horror. Lo peor, que de esa guisa, incluso con la ropa llena de manchurrones del puré que el peque ha tenido a bien no comer y tirárselo por encima, lo saca a la calle.

Me canso de decirle que, por favor, lo cambie. Y ella me replica que no puede, que se siente incapaz.

Y la entiendo. Diossss, cómo se resiste el muchachito a la hora de ser cambiado. Hoy, para ponerle el pijama después de haberse bañado, le he tenido que practicar cuatro llaves de judo. Me ha hecho sudar de lo lindo. Qué fuerza se gasta el condenado.

Hale, que salga a la calle como le dé la real gana.

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Bebé bibliotecario

Me va a costar, sí. Lo de tener la casa como quiero a costa de educar a mis hijos. El primero, ya está apañado. Pero el segundo…

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No me da la gana de apartar las cosas y dejarlas fuera del alcance de un alfeñique de medio metro. Pero mi cabezonería me va a costar cara. Lo asumo.

Bueno, mucho, mucho, no lo tengo asumido. Como medida complementaria y adyacente, voy a tener que seguir tratamiento psicológico para desapegarme de mis cosas: mis libros, mis objetos, mis fotos… ¿Por qué me encariñaré tanto con todo? Qué cruz tengo conmigo misma.

Calurosa bienvenida

Entro al salón y… agudeza visual, ¿quién de los tres hombres de la casa se alegra de verme?

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Y ya no le doy pecho, así que no es por interés, es amor verdadero.

Como los otros sigan así, voy a tirar todas las pantallas de la casa, la de los móviles y la de la tele. O me fugo con el chiquitico. Ellos no se iban a enterar…

Avistamiento de animales

Hace tiempo, cuando el Señor de las Bestias y yo no éramos padres aún, nos fuimos de viaje a Malasia. En Borneo contratamos a un guía, llamado Mr. Aji, para que nos enseñara los bichos típicos del lugar. El hombre prometía. No había más que ver su coche…

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Un cuadro. El caso es que nos fuimos a surcar un río en busca de orangutanes, serpientes, elefantes… Sobre todo, elefantes. Pues bien, Mr. Aji dijo que no era temporada de elefantes. Así que, ajo y agua, nos conformamos con ver algún mono que el remero se encargaba de localizar, porque Mr. Aji se dedicó a poner poses de aventurero intrépido y poco más. A la vuelta, resultó que el resto de canoas con turistas, que eran un porrón, se habían topado con una manada de elefantes que se hartaron de fotografiar. Hale, tócate los pies.

Como el Señor de las Bestias y yo somos así de pánfilos, no fuimos capaces de decirle a Mr. Aji que anulábamos un recorrido de madrugada por la selva que habíamos contratado con él para el día siguiente. Así que nos levantamos, esperando coger un coche que nos llevara a un lugar remoto, y nos recibió Mr. Aji ahí plantado, sin vehículo ni nada, y puso rumbo hacia el bosquecillo que había al lado del albergue donde dormíamos. La ruta tuvo su aquel. Mr. Aji se dedicó a gritar “ou, ou, ou” y “aú, aú” como reclamo de monos, o de algún gamusino, vete tú a saber. Pero ningún animal asomó la patita.

Sí que los acabamos encontrando, sí. Pero porque los localizaba el Señor de las Bestias. Mr. Aji casi queda atrapado en una telaraña gigante si no llega a ser porque fue avisado por él. En fin, un despropósito total.

Pero de lo que me di cuenta en aquel viaje fue de lo bueno que era el Señor de las Bestias avistando cualquier tipo de bicho. Desde una oruga con ropa de camuflaje hasta un orangután encaramado a un árbol gigante, escondido tras unas cuantas hojas.
El paso del tiempo fue corroborando esa apreciación mía. Mira que habré hecho veces el trayecto Madrid-Pamplona y viceversa. Pues solo con él, porque me lo indica, veo desde el coche ciervos y gamos a cascoporro. Hasta en manadas. Si viajo yo sola, ni uno.

Total, lo que está claro a estas alturas es que ir de paseo con el padre de mis hijos por el campo es tener más que seguro que vas a ver animales.

Hoy hemos ido a las Lagunas de Ruidera y en un momento dado hemos decidido remontar el río. Para El Cachorro ha sido una aventura, porque ha saltado por piedras, hecho equilibrios para no caerse al río, pasado por un túnel… y, cómo no, ha visto un animal… Un animal que ha cogido su padre para enseñárselo.

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Toma ya. Serpiente en la foresta. El Señor de las Bestias se ha acercado a la orilla y ha atrapado esta culebra de agua. Sí, eso que tiene en la mano a dos centímetros de mi bebé. Aaagh, para rato la pesco yo (si es que llego a verla, que seguro que no).

En fin, que voy a darle vueltas a ver cómo hago del padre de mis hijos el Mr. Aji castizo. Como nueva línea de negocio me seduce… ¿Qué opináis? ¿Lo contrataríais?

Tener hermanos

Me empeñé muy mucho. Sí, suponía un jari que para qué. Sí, iba a ser un esfuerzo titánico. Sí, yo ya no soy una pipiola. No, no sabíamos cómo los íbamos a mantener.

Pero yo quería tener otro hijo.

Me parece que en la vida es muy importante tener hermanos. Más, cuando yo soy madre tardía. Palmaré antes que otras madres. Y está bien tener a sangre de tu sangre cerca. Doy fe.

No todo el mundo me apoyó dadas estas y otras circunstancias y no todo el mundo se alegró cuando me quedé embarazada.

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Pero hoy, viéndolos jugar juntos, me acabo de convencer de que acerté. Por completo. Yo tenía razón.

Los miro mientras están a lo suyo y me derrito. Me alegra mi cabezonería. Viva yo.

Amor no correspondido

Llego del trabajo:

– ¡Qué ganas tenía de verte! – le digo a El Cachorro.
– Yo tengo ganas de dormir – me contesta.

¡ZASKA!

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Me rompe el corazón sin parar.

Y el otro, según le sople el aire. Puede estar así, como enfurruñado:

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Y al segundo siguiente, así:

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Aunque me intente volver loca, le voy a pegar un bocao igual, se ponga como se ponga.

Y al mayor también. Que no se piense que se libra.