Se mira pero no se toca

Hace un año contaba la anécdota de que una amiga, recién nacido mi crío, vino con su hija de cuatro años a visitarme. Su hija se subió a mi sofá con las botas de la calle puestas, se metió en el moisés de mi crio también con las botas de la calle puestas, cogió todo lo que estuvo a su alcance y, por supuesto, se entretuvo con una maceta llena de corales que tengo de adorno, sacándolos, esparciéndolos encima de la mesa de cristal y jugando con ellos.

No debí disimular demasiado bien mi nerviosismo porque mi amiga se vio impulsada a hacer un comentario al respecto (muy lejos del “¡hija, para!” que le tenía que haber dicho a su cría) que fue más bien una sentencia: “Es que no tienes un hogar preparado para críos”. Y que a ver cuánto me duraban esos coralitos cuando mi hijo empezara a hacer cosas de niño.

Un año después me vanagloriaba en este blog de que los corales seguían sanos y salvos. Y me preguntaba que si la cosa no es tan simple como marcarle límites a tu hijo. Con esto sí puedes jugar. Con esto no. Igual que le dices no metas la mano en el enchufe, vamos. De esa manera tú podías vivir en la casa que te gustaba sin tener que sufrir.

Niño

Ahora, dos años después de que mi amiga augurara poca vida a esos corales, he de decir que no solo siguen ahí, sino que he rizado más el rizo y los he puesto junto a unas plantas a las que he buscado un nuevo compañero: un cactus que pincha que da gusto… si lo tocas. Mi hijo aún no se ha pinchado.

Y en el lugar antes ocupado por los corales me he animado a colocar un recipiente de cristal lleno de arena y conchas. Que anda que jugar con conchas no es una tentación como la copa de un pino. Pues, ea, tentando la suerte.

Niño

En fin, seguiré reportando. Y decorando para adultos todo lo que me dé la gana.

Niño enfermo

¿No se supone que los niños son los débiles, los indefensos?

Da como cosa coger a tu nene y que esté incandescente. Con esta fiebre de 39º tiene la espalda que parece la plancha donde se hacen las hamburguesas de un chiringuito after hours.

Lo que me tiene mosca es… ¿Cómo puede ser que yo, cuando me sube a un mísero 37,3º esté doblada en la cama, hecha polvo, y el crío con 39º aún se pueda mover? ¿Por qué a partir de 37º en los adultos ya es fiebre y en los niños a partir de 38º? ¿Por qué tenemos que proteger los adultos a los niños cuando claramente son estos los que nos tienen que cuidar a nosotros?

Pero, a distintos niveles, enferman. Y ver a un nene pachucho te parte el corazón. Estar enfermo no mola en general pero en los pequeños, menos aún. Por eso estás a lo que les apetezca, si es que les apetece algo. ¿Quieres zumito? ¿Leche? ¿Dormir? ¿Jugar? Y eres una esclava en sus manos. Y una peonza. Porque como no se aguantan ni ellos, no saben ni lo que quieren. Solo remolonear.

– ¿Quieres zumito?

– Shí…

– Toma, tu zumito.

– No.

– ¿No quieres zumo?

– No.

– ¿Qué quieres?

– Agua.

– Toma, agua.

– Noo.

– ¿Quieres dormir?

– No.

– ¿Quieres puré?

– No.

– ¿Quieres sopa?

– No.

– ¿Quieres una tortilla?

– No.

– ¿Quieres yogur?

– No.

– ¿Quieres leche?

– No.

– ¿Quieres ir a la cama?

– Shiiiií…

– ¿A tu cama?

– Cama e mamá.

– ¿A la cama de mamá?

– Shí…

– Veeeeeenga, vaaaaamos.

Este diálogo lo mantenemos unas cuatro veces al día como mínimo.

Niño

Ahora, estoy empezando a sospechar… Este canijo lleva toda la semana malico. Fiebre, toses, malestar… Sus ojos vidriosos dan más pena que los de Candy Candy. Pero hoy se le ve algo mejor. Bastante mejor. Pero el diálogo viene a ser el mismo.

¿¿No está estirando la convalecencia?? ¿¿No habrá perfeccionado la ñoñería?? ¿¿Atisbo una carucha de pena… algo forzada?? ¿¿Teatrillo puro y duro?? Ahora que ha descubierto que es muy divertido tener a alguien que le habla dulce y hace realidad todos sus deseos… ¿¿No se está aprovechando de la situación para marearme viva??

Niño

Pequeño tirano.

Pegatinas de mandarinas

Yo las pegatinas de las mandarinas las utilizaba de uñas. Incluso las pintaba. E imaginaba que era una señora de manos maravillosas.

El nene ha heredado de mí ese gusto por las pegatinas de mandarinas pero él se pirra por pegárselas en la frente. Va a todos los sitios con ellas puestas, incluso a dormir. Se puede decir que le gusta que le etiqueten.

Niño

Y si me acompaña a la frutería, entonces es el acabóse.

Niño

Por cierto, hablando de uñas… ¿Sabéis qué contesta cuando le pregunto que de qué color son las mías?

Niño

Dice: “ZUMO”.

 

Truco

Al nene la leche le gusta mucho. Por suerte no ha salido a mí.

 

A mí, que adoro los lácteos, la leche no me gusta nada. Por eso en mi vida empecé tomando leche fresca del día calentada en fuego (no había llegado el microondas) donde se formaba nata, ¡puaj!, con Cola Cao. Luego pasé a leche desnatada, que sabía menos a leche, calentada en microondas con Cola Cao. También me empezó a dar no sé qué y comencé a tomar lo mismo solo que frío. Y luego ya no me gustaba la leche desnatada con Cola Cao ni congelada. Pero descubrí el Cola Cao comercializado en botellitas ya hecho con la leche y eso ya me gustaba. Así que yo desayuno Cola Cao en esas botellitas.

El nene desayunaba leche sola caliente. Luego leche sola fría. Más tarde desayunaba leche fría con Nesquick, que es lo que tomaba su padre de pequeño, y después le di a probar leche con Cola Cao, que es lo que yo desayunaba de pequeña, y le priva (si es que no hay color…)

Así que a día de hoy el nene desayuna leche fría con Cola Cao… a no ser que vea mis botellas en la nevera. Entonces no quiere otra cosa. Y, claro, mal, vamos mal. ¡¡Son mías!!

Pero El Cachorro no sabe que su padre es un personaje muy cuco. El Señor de las Bestias ha rescatado una de esas botellas vacía y la rellena con leche con Cola Cao que ha hecho él en un vaso. Y se la da al enano. ¡¡¡Y pica!!! ¡¡Jaaaaaaaaaaa!!

Niño

Me ha parecido buenísimo. Y me ha recordado a algo parecido que hizo mi madre conmigo…

Era ya la época en la que estaba dejando de ser una cría y mis amigas comenzaban a ponerse traje de baño entero en vez de braguita para ir a la piscina. No solo eso, en vez de comprarse la ropa en tiendas de niños, se la estaban empezando a comprar en tiendas de adolescentes.

Yo me empeñé muy mucho en tener uno de esos bañadores enteros aunque no tuviera nada que tapar. Y lo quería de la tienda de moda de Pamplona, no de la que mi madre siempre me llevaba y que tenía vestiditos de flores y abrigos con botones dorados con nudos marineros.

Y vino un día mi madre a casa con una bolsa de la tienda de moda de Pamplona, de esa tienda donde las más guays de clase se compraban la ropa, y dentro estaba el traje de baño más bonito del mundo: uno con rayas gruesas horizontales blanco y azul marino. Precioso.

Me puse más contenta que chupita. Y llevé ese bañador más a gusto que a gusto. Y tiempo después, bastante tiempo después (que nos conocemos), mi madre me confesó que el bañador era de la tienda de niñas, solo que lo había metido en la bolsa de la tienda de adolescentes.

Yo era sensiblemente (bastante) mayor que mi hijo ahora y caí. Me lo tragué desde el minuto uno.

Está claro que para ser padre tienes que ser un trilero.

El antes y el después del eslabón perdido

El nene y el capuchino peleándose por el móvil del Señor de las Bestias.

Niño

Con un claro vencedor…

Niño

(Ojo a la carucha de mi niño).

Así que, viendo El Cachorro que otro enano le está desplazando, intenta recuperar posiciones y lo imita. Como el mono ha trepado al Señor de las Bestias por detrás, él intenta hacer lo mismo.

Niño

Pero el mono no solo frustra sus planes, sino que contraataca y le arrebata al nene lo más preciado.

Niño

Creo que le estoy cogiendo manía a ese mono…

Ley de Murphy

O sea, te pegas la vida intentando quitar manchas de la ropa, como pueden ser las de boli, y cuando quieres que el boli se quede, entonces no, ni de coña.

Niño

Ejemplo: los baberos. Me da que no vuelven a casa de la guarde todos los que envío. Así que me interesa nombrarlos. Y no. Los lavas y el boli desaparece.

¡Todo peca!

Aúpo al crío después de ducharme y con su dedico empieza a tocarme el escote. “Peca, peca, peca…”

Niño

Soy una puñetera constelación. Hay tantas, pero tantas, que ha acabado diciendo: “Peca, peca, peca… ¡TODO PECA!” Jaaajajajaja.

Que nieva, que nieva

Ir a la nieve y que no se entere, como Obélix en Helvecia.

Niño

Para los profanos en la materia, en el álbum de “Astérix y Obélix en Helvecia”, justo cuando se proponían escalar los Alpes, Obélix caía dormido como

consecuencia de una borrachera bestial y su fiel amigo lo acababa subiendo a la montaña tirando de él (después de haberse atizado un lingotazo de poción mágica, claro). Obélix es arrastrado hasta la cima y no se despierta hasta que vuelven abajo. De ahí que, a su vuelta, describa Suiza como “llana”.

Pues al pequeñito le hemos dicho que íbamos a ver la nieve y, juuuuusto un instante antes de llegar a verla…

Niño

¡Esperad! ¿¿Abre los ojos a tiempo??

Niño

Nooooo. Falsa alarma. Es capaz de dormir como un ceporro con los ojos entreabiertos.

Así que me lo veía en las mismas que Obélix, diciendo que la nieve es seca, o caliente, por ejemplo.

Menos mal que el día ha sido largo. Ha dado tiempo de sobra a que se despertara. Y al final, la nieve, la cató.

Niño

Ya la conocía del año pasado, pero yo ignoro el nivel de retentiva de un niño de un año.