Skype vs. magia

No es lo mismo irte a trabajar en el extranjero cuando me fui hace cinco años, que no tenía ni novio ni obligaciones ni preocupaciones ni nada, que hacerlo ahora, embarazada y con un hijo de dos años y casi nueve meses. Tengo necesidad de estar conectada a mi pequeño y a su padre. Saber continuamente qué hacen y cómo están.

Llevo ya una semana fuera (que a mí se me hace como un mes) y por fin ayer el Señor de las Bestias me hizo caso y se descargó el Skype. Así que aparte de los vídeos con mensajes que le envío a mi niño, ¡¡lo pude ver en directo!! No le oía nada pero nos hemos puesto muecas para hacernos reír, y se me ha recargado la batería a tope.

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Ahora, con esto del Skype, se acabó la magia.
Lo de que la tecnología te facilite tanto la existencia no siempre es ventajoso… ¿Qué hay del romanticismo de los viajes de los que no se tenían referencias más que de una postal que muchas veces llegaba cuando ya habían finalizado?

Ayer aplaudía que con el Skype pudiera ver a mi niño y a mi chico. Estuvimos el gran rato. Hoy, veinte minutos. Han dado para que el canijo se partiera de la risa conmigo…

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… y para que el Señor de las Bestias se diera la vuelta y siguiera trabajando en su ordenador mientras dejaba que yo entretuviera al crío… ¡Y también para que él dijera “quiero agua” y se largara a la cocina, ABANDONÁNDOME!

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Sí, sí, se ha pirado y me he quedado yo ahí colgada, en la pantalla de un iPad. El Señor de las Bestias ha reparado en que había mucho silencio y se ha dado la vuelta…: “¡Anda! ¡Si te hemos dejado sola!” ¿¿Os creéis que es normal esto??

No, si al final, lo que digo, no te llegan a echar de menos del todo. Parece que te has ido, pero poco. Aquí está todo el mundo tan pichi.

En fin, no quita para que nos hayamos despedido con mucho cariño…

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DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 37. Presentimientos nefastos

Me quejo al Señor de las Bestias de que no me manda fotos de ellos en Conil. ¿Qué le pasa? ¿Por qué está más desaparecido que de costumbre? ¿No imagina siquiera la necesidad que tengo de verlos y de saber qué hacen? ¿No se hace a la idea de lo mucho, muchísimo, que los estoy echando de menos? ¿No es consciente de cómo lo estoy pasando? Y como llevo cinco días dándole la vara, hoy me ha mandado 42 fotos del nene y un vídeo. Si no quieres taza, taza y media.

Ole, ole. Las sensaciones tan negativas que me provocan mis hormonas, se aplacan. Pero solo un poco. Porque son negativísimas. Tengo horribles presentimientos. Pienso… ay, me vais a matar. Pero pienso que el Señor de las Bestias me la está pegando. Sí, estoy convencida. No solo eso, puesta a pensar, rizo el rizo y creo firmemente que él y mi hijo están en la playa CON OTRA. Es más, seguro que con alguna choni absurda y patética, siguiendo la estela de Hugh Grant, que teniendo por novia a Liz Hurley, va y se lo monta con una lumi de baja estofa llamada Divine Brown. Sí. No me puedo quitar esa idea de la cabeza. Ni me puedo quitar de la cabeza que yo suelo acertar en todo.

Pero que mientras yo, embarazadísima, me sacrifique yéndome a trabajar fuera, sin poder estar con mi hijo, para ganar cuatro perras y conseguir la baja maternal, él aproveche para irse de vacaciones y ponerme unos cuernos de escándalo, DELANTE DEL PEQUEÑO, sería demasiado fuerte, ¿verdad? ¿VERDAD? ¿¿VERDAD??

No creo que estos pensamientos me vengan nada bien para la gestación de un bebé, pero… ¿cómo evitarlos? El embarazo, la distancia, la tristeza, las hormonas… Un cóctel terrible.

Niño

Aquí, no para de llover.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 36. Las hormonas, haciendo de las suyas

No sé qué me pasa con este embarazo. Pero estoy moñas. En el anterior, tan pichi. En este, si me preguntan a bocajarro “qué tal estás” cojo y rompo a llorar.

Bueno, es verdad que hay gente que, no sé, por quién es o por cómo te lo pregunta, tiene el poder de dar en esa tecla que te transforma en un torrente de lágrimas. Mi amiga Bea, cada vez que la invito a comer a casa y entra por la puerta y me pregunta que qué tal estoy, zas. También es verdad que es un poco mi confesora. Y que a ella le cuento siempre cómo me siento de verdad de la buena.

Pero, ¿y cuando te ocurre con tu jefa? Pues eso me ha pasado hoy. Hombre, las circunstancias acompañan. Llevo una semana exacta separada de mi hijo y de mi chico y se me ha hecho eterrrrrrna. Y me quedan aún cuatro o cinco por delante. Pero, para colmo, estamos grabando en una isla que el wifi lo tiene ramplón y la comodidad, también. No obstante, por mi embarazo de seis meses, y también porque además de guionista soy una especia de coach de la presentadora, han tenido la deferencia de alojarme en el único hotel que hay, con ella, la maquilladora y alguien de producción. Aquí al menos estoy en un punto con un pelo de civilización, donde hay terracitas con sillas con cojines donde puedo plantar mi oficina, con mi habitación a mano para lo que quiera, con conexión (a veces) a internet, con ascensor… en fin, para lo que hay en la isla, gloria bendita.

Pero la grabación del programa que estamos haciendo se realiza en su mayoría en la otra punta, a una hora en coche por una carretera llena de curvas. Allí habita el resto del equipo, en apartamentos. Algunos tienen que compartir baño. Y están en una ladera que, para alcanzar la carretera o el supermercado, hay que subir unas empinadas escaleras que ni el Kilimanjaro. De los apartamentos se trasladan diariamente al punto de la mañana a la base de la grabación en la playa, donde hay un par de casas con unas mesas en el exterior y unos bancos. Ahí se trabaja y se come y se vive hasta que cae la noche y más allá. ¡Ah! Y el wifi brilla por su ausencia, así que olvídate de saber de los tuyos…

Niño

Pues bien, el director me solicita a su lado. Quiere que esté allí, más a mano. Así que me van a trasladar. Y me lo suelta hoy mi jefa suprema, que ha venido un par de días para supervisar el arranque de la grabación del programa. Y se me ha cambiado la cara. Y entonces me ha preguntado: “¿Pero estás bien?”. Y ole, para qué queremos más.

Así que me he puesto a llorar delante de ella. Lo peor es cuando intentas no hacerlo y hablar a la vez, y entonces se te desencaja la cara y te sale esa voz como de falsete, y le intentas asegurar que solo lloras por el embarazo, porque estás hormonada. Pero ella, que no ha estado embarazada jamás, te mira en plan “claro, claro” y piensa en que eres una moñas quejica y que ya veremos si me vuelve a contratar o no…

Ay, Señor.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 35. ¿Tienen morbo las embarazadas?

Me decía una amiga: “¡Qué bien que te vas a una isla croata, porque los croatas no están nada mal!” No sé qué le hacía pensar en que con este preñe tengo alguna posibilidad de ligar con un hombre, sea croata o no.

¡Oye, pues sí! Estando en el hall del hotel, intentando pillar wifi, se acerca un fulano norteamericano a preguntar por la contraseña y acaba sentándose, dando conversación y ofreciendo su barco…

¡¡¡!!!

Bueno… igual tiene que ver que estaba sentada con la presentadora, que sobrepasa el uno setenta, no alcanza los cincuenta kilos y es guapa. Entonces… ¡¡¡Argh!!! ¡¡¡Terrrrrrible descubrimiento!!! ¡¡SOY LA AMIGA GORDA Y FEA A LA QUE ENTRAN LOS TÍOS SOLO PARA PODER HABLAR CON LA GUAPA!! Qué revelación más desagradable.

Niño

P.D. En realidad, nunca lo sabremos. Nos tuvimos que ir corriendo a grabar y dejamos al muchacho plantado. ¿Y si le gustaba yo? Un mes y pico antes, en San Fermín, ya me dijo uno que las embarazadas le ponían… Hay gustos para todo. Sobre todo para los borrachos.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 34. El embarazo “da cosa”

Me preguntan que si el nene da pataditas. Y, sí, las da. De hecho no para. Patadas, codazos, cabezazos, y baila el twist. Y entonces alguno me suelta que es que eso le “da cosa”. Sí, pero cuando la patada ha lugar, enseguida pone la mano. ¿Qué es esto? ¿Como “Alien”, que también da cosa y no solo le gusta a todo el mundo sino que todo el mundo se traga las quinientas repeticiones de la peli cuando la echan en la tele?

Niño

El niño me come muy bien

Cuando consigo conectarme a algún wifi de esta isla cuasi incomunicada en la que me hallo, lo hago ávida de noticias de mis chicos. Quiero saber, también, si el Señor de las Bestias se apaña solo con el nene. Ahora lo tiene algo más fácil porque se lo ha llevado a la playa de vacaciones. La vuelta, con comienzo de cole y rutina, ya la veremos. Pero aún y todo, quiero saberrrr.

Y las noticias son buenas. Me dice que come de lujo. Y me pasa esta foto:

Niño

¡¡No te jiba!! Le pregunto que si come algo sano. Y me dice que sí, que “hoy macarrones”… ¡¡no te fastidia!! ¿¿Qué hay de las verduras, las legumbres, el pescado…?? ¿¡No va a comer bien así?! Anda que…

P.D. Por cierto, que siempre que oigo esa expresión con la que he titulado el post, la de “el niño me come muy bien”, pienso en si le está royendo el muslo a la madre mientras lo dice o algo. ¿¡Cómo que “ME come”?! ¡¡El niño come bien, hombre!!

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DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 33. Embarazo, la excusa perfecta para el (habitual) sedentarismo

Estoy trabajando en un programa de esos que tienen una presentadora mona, alta y delgada, como tu madre, morena, saladaaaaaa (conocéis la canción, ¿verdad?). Esta presentadora se levanta a las siete todos los días para hacer yoga y luego se desvive por practicar algún deporte. Hoy ha salido a correr, “bah, nada, 40 minutos”. Nada, dice. Si yo corro cuatro minutos me tenéis que recoger en camilla. El caso, entre este trajín y que come despacio y preferiblemente verduras… Luego nos preguntamos que qué hacen las demás para estar perfectas. Pues esto, hacen esto.

Niño

Nos encontramos en un entorno muy chulo y la verdad es que apetece conocerlo hasta corriendo. Me da envidia verla con sus mallas y sus deportivas, toda activa y enérgica, y lamento estar con este bombo que no me deja ir de ágil por la vida. Lamento… de pacotilla. En el fondo de mí sé que me viene de lujo para tener la excusa de no hacer deporte. Me conozco. Si no estuviera embarazada la vería irse a correr y yo diría que, oigh, vaya pena, que no me he traído mis deportivas (partiendo de la base de que no tengo) ni mi ropa para correr (que tampoco), y que por eso no la acompaño. Tendría otra excusa pero más chusca y además me sentiría fatala de la vida. Porque sí que podría correr y no lo haría. La culpabilidad me mataría bastante. Así que… ¡¡ole mi embarazo!!

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DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 32. Efectos secundarios… ¡Maldición!

Qué paciencia tenemos que tener las embarazadas con nuestro propio cuerpo. Es toda una prueba a nuestra autoestima. Por ejemplo, las estrías. Bueno… en mi caso no son consecuencia del anterior embarazo ni de este, son de fábrica. Llevan años conmigo y ya me he hecho a verme un paso de cebra en la cadera.

Niño

Lo malo es que… ¡ahora se ven más! La piel se da de sí y, claro, con ella las marcas. No sé cómo se apañarán las que llevan tatuajes en esta zona.

Y entre eso, la barrigona, el inflamiento generalizado, los tobillos hinchados… Un cuadro. Qué paciencia, ¡qué paciencia, madre!

Él también sabe combinar

Bueno, primer día del papi a solas total con su nene y ya se lo está montando de lujo. Se van a la playa. Y veo que sabe adecuarse a la situación. Me envía un mensaje que dice: “Viendo un partido de polo”. Adjunta foto:

Niño

¡Pues más ad hoc, impósibol!

Sí, lo que me gusta a mí un don de la oportunidad, un saber estar, un conjunto…

Niño

Me voy

Me piro durante cinco semanas. Cinco semanas estando lejos de mis chicos. Aquí hay uno que me da ideas para que me lo lleve en la maleta…

Niño

¡Pero no puedo! ¡NO PUEDOOOO! Si se lo he explicado, pero no se hace a la idea. Afortunadamente.

Niño

Sé que no me va a echar de menos y también sé que a esas edades, cuando me vuelva a ver, le va a parecer que estuve fuera tres días. Afortunadamente (bis).

Niño

Así que ni una lágrima cuando me vio alejarme y decirle adiós…

Niño

Ya lloré yo por tres vidas que viviera él.