A los tigres les gusta el agua

Unas vecinitas andaban aburridas y les debía de faltar una cobaya. Han llamado al telefonillo un par de veces muy interesadas en que bajara El Cachorro. Me ha extrañado, no suelen hacerle nunca mucho caso, ¡y jamás lo han solicitado vía telefonillo!

Total, que lo he bajado. Y ahí estaba el comité de bienvenida… con pinturas. La idea era pintarle la cara. Visto que poco o nada podía hacer ya ante la situación, al menos he verbalizado los deseos de mi niño: “Quiere un tigre”. Y lo han agarrado y le han embadurnado el careto.

Niño

No ha quedado nada mal. Pero no contentas con eso, han decidido utilizar a mi pequeño para entretenerse. Que si el tobogán, que si a correr, que si le lavamos la cara para quitarle el tigre… Él, a todo que sí. Y luego han decidido que había que bañarse. Hacía un frío que pelaba, y este ha salido casi tan falso como su padre. Meterse en el agua le cuesta horrores, porque siempre “etá fía”. Pues bien, se hubiera lanzado de cabeza si hubiera sabido. ¡Estaba encantado con las niñas! Ni se lo ha pensado. Así que el gran rato a remojo, con las grandes risas.

Se confirma, a los tigres les gusta bañarse.

Niño

¿Demasiado pronto para descubrir que una tarde aburrida se arregla con un par de mujeres? ¿¿Pronto, para saber que las mujeres hacen lo que quieren con los hombres??

Tostada gourmet

Al nene le he hecho para desayunar una tostada con tomatito natural triturado, lascas de aguacate, un poquito de sal y aceite de oliva virgen extra.

Niño

Y le ha gustado.

A mí… ¿por qué me da por innovar y no me limito a los cereales?

Figura acrobática

Le entran ganas al nene de hacer pis en el campo. “¿Cómo lo pongo?”, me pregunta su padre. “Cógele en volandas, sostenle de las piernas y que no se moje el pantalón”. Y en vez de sostenerlo con su espalda contra su regazo y levantarle por las corvas de las rodillas, lo coge como si se acabara de casar con él y tuviera que atravesar el umbral de la puerta del nuevo hogar… ¡Tal cual!

¡Jajajaa! ¡El crío tumbado en el aire, ha conseguido hacer pis no sé ni cómo!

Toda una acrobacia digna del consabido “¡Mamá, mira!” Porque ahora entramos en esa etapa. Me llama: “Mamá, mira qué hago”, y es un pino chusco.

Niño

Lástima que me distrajera que estuviera todo tiradazo por ahí y el sofá descalabrado…

Canguros de exteriores

El secreto a la hora de llevar al nene a una quedada con amigos sin niños, es que esos amigos sean niñeros. Lo hemos llevado de terrazas y nos hemos olvidado de que los padres éramos nosotros.

Uno lo ha tenido cenando con él en su regazo…

Niño

… otro lo ha entretenido de lo lindo…

Niño

… el de más allá se ha encargado de hacer los traslados… ¡Así ya se puede!

Niño

Adivinanza cromática por descarte

En una exposición, un apartado dedicado a la fotografía que cambia de luces. Lo mismo las pone rojas, que azules, que azules y rojas, que se apaga.

Cuando se pone así:

Niño

… Le pregunto al nene: “¿De qué color son las luces?” Y me contesta: “Rojo no es”. Este crío maneja una lógica aplastante.

¡Coño!

Por supuesto mi hijo es como todos y anda muy interesado con su pito. Y con quién lo tiene y quién lo deja de tener. Hoy, estando yo haciendo pis, me ha vuelto a preguntar por mi pito.

– Yo no tengo pito – le digo.
– ¿Y ezo qué é? – me pregunta, señalando.

¡Ahí va! ¡¡No he pensado en cómo llamarlo!! ¡¡Me ha pillado literalmente en bragas!!

Recuerdo la peli de “Tobey Maguire” y le contesto:

– Eso es una vagina.
– ¿Vagina?

Al oírselo me parece muy redicho.

– ¡Un chocho!
– ¿Chocho? Vagina e chocho.

Y tampoco me ha convencido. Y enseguida lo he despistado con otra cosa porque me veía entrando en una espiral bastante espinosa.

Por favor, ¿¿cómo lo llamáis?? ¿¿Qué le digo la próxima vez??

Niño

Sinfin

Niño

Ve el crío un enlace en mi FB con unos dibujitos animados y le entran ganas de verlo. Como está el símbolo del play estampado en el vídeo, él, lógicamente, le da con el dedito para ponerlo en marcha. Y de nuevo se topa con que el mundo no ha avanzado tanto como él cree. Aún existen los ratones y los punteros. Ya veremos hasta cuándo…

Por cierto, ¿¿cuántas veces seguidas es capaz un niño de dos años y siete meses de ver el mismo vídeo?? Porque le he dado con el ratón al play unas siete veces y no tiene pinta de que vaya a parar…

Pues para no querer…

Bueno, pues lleva unos días que a la hora de echar la siesta está de que no.
– ¡No quero nomí! ¡Nooooo, nomí, noooo!

Y lo meto en la cuna y se me deleita con el lloro tipo cabreo. Pero está comprobado que cuanto más se queja, cuantos más no-quero-nomís hay, más a los cinco minutos me asomo y está de esta guisa.

niño

Cae como Felipón.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 26. Todo crece

De las consecuencias de mi anterior embarazo no me importa la cicatriz de la cesárea. Sí que se me haya quedado el ombligo a punto de hacer balconing. Así, como asomao.

Y, claro, ahora que partimos de un ombligo deformado, y hoy por hoy tiene esta pinta…

Niño

… como de más peligroso que el botón rojo, ¿cómo me quedará después de parir? ¿Cómo un globo? ¿Abultará más que yo? ¿O se acabará desprendiendo de mí y teniendo vida propia, formando su propia familia, con unos cuantos ombliguitos? Ay, qué desazón.

Niño

Por lo demás, ya sabéis que mi tripa hizo “blop” y creció en el minuto uno. Pues bien, afortunadamente me he estancado. Más vale. Andaba todo el mundo impresionado. Y yo asustada. Pensaba que si seguía con ese ritmo, a las 22 semanas iba a estar hecha un cachalote gestando cuatrillizos. Pero no, ha habido parón y ahora mi tripa de 22 semanas puede corresponder a una tripa de 22 semanas. Respiro.

Y parece que los hermanos tienen los mismos gustos. Ambos quieren estar a cubierto. Cada vez que mi chico sale del agua, se tumba en la toalla que he dejado convenientemente estirada al solazo (a su gusto) y me pide que lo envuelva. “Azí, mamá”, y eso implica de un lado, del otro, y “aquí, mamá”, por la cabeza. Este es el resultado: un wrap de Cachorro.

Niño

Yo, tarzán

Me encanta el vocabulario del pequeño.

“Yo sienta aquí, yo”.

Y siempre con el yo por delante. Que quede claro.

La riqueza de su léxico es limitada, sí. Pero se hace entender a las mil maravillas. Por ejemplo, lo de que mi hijo se podría alimentar de pan solo lo he contado muchas veces. Ni nocilla, ni paté, ni nada. A pelo.

Pero yo me resisto y procuro que en el desayuno se lo coma con algo más de fundamento. Ayer me montó un cristo porque le puse aceite de oliva. Hoy en el desayuno le pregunto:

– ¿Qué quieres?
– ¡Pa!
– Vale, pues te hago una tostada.

Y se levanta de su silla, va al armario, abre la puerta…

Niño

… y, señalando el aceite dice:

– Ezo, no.

Explicarse, se explica divinamente.

La tostada ha sido de mantequilla y mermelada.

¿O debiera decir y merrrrrmelada? Para comunicarme mejor con él. Porque él, la errrrrrrrrrrrre, la va a gastar. Un dragón es un ragón, el color verde es verre, le duele la ripa, no le gustan las cosas grandes, sino randes, y un tren es en realidad un rén.

Niño

(Aquí, uno de los trenes que se inventa).

Lo vemos en la siguiente conversación:

– ¡Mía, el rén! – me dice todo emocionado enseñándome una serie de objetos puestos en fila…

Niño

– ¡Qué largo, el tren! – le observo.
– ¡¡No, rande!!

Ah, y es que para él “largo” es sinónimo de “grande”. Me hace lo mismo con las cosas gordas, que son grandes. Y, como contaba en mayo, le llama grande hasta a ir rápido. Todo es grande. Perdón, “rande”.Y punto.

Y creo que es hora de pedir ayuda a Coco, el de “Barrio Sésamo”.