Esqueletor

¿Existe un esqueleto que dé más miedo que este pequeño ser terrorífico?

Niño

Porque a mí me asusta horrores lo mucho que lo quiero.

Dejando mis moñadas aparte… quiero que echéis un ojo a mi post de Halloween de hace un año… ¿Ya? ¿Lo habéis buscado y visto? Se titula “Truco o trato”. Bien.

Clamaba venganza, ¿verdad? Pues, en efecto, esta vez lo tenía todo. Al nene disfrazado y las chuches preparadas, y lo más importante, la bolsa para recopilar más dulces, kilos y kilos. Y en esto que aparecen los niños del año pasado y, como un huracán, meten mano a nuestras chuches, nos dejan sin una triste gominola, y se piran, dejando a mi niño plantado, dando miedo al pomo de nuestra puerta.

¿¡Pero esto qué es?! Bueno, bien es cierto que los críos tenían, el que menos, cinco años. Un moco de estos los hubiera ralentizado, u obligado a ir conmigo de guardiana, lo cual no mola tanto.

Vale. Bien. Sea. Pero El Cachorro y yo sabemos esperar…

Parada de avituallamiento

Volvemos el Señor de las Bestias y yo de un rodaje en Barcelona. A la altura de Lérida, a eso de las nueve y cuarto de la noche, in extremis, decidimos entrar en la ciudad a la búsqueda desesperada de un centro comercial. Al día siguiente se celebra Halloween.

En la guarde pusieron un cartel: “los niños que quieran pueden venir disfrazados”. Y, vale, aunque yo en principio sea más partidaria de mantener nuestras tradiciones de Todos los Santos y tal, tampoco hago ascos a otras celebraciones, y me hace una ilusión tremenda ver a mi nene disfrazado por vez primera. Lo que no sabía era lo que iba a disfrutar eligiendo su disfraz, las pinturas de la cara, etc. El año que viene buscaré el suyo… ¡y el mío!

Niño

Bebé ecuánime

Me quejaba yo hace nada de que mi nene se despertó de madrugada y, cuando lo atendí yo, no hizo más que llamar a su papá. Me sentó a cuerno quemao.

Pues bien, esta noche se ha despertado, ha ido su padre a por él, y he oído cómo me llamaba… Ñej, ñej.

Niño

Uno, dos y ¡pito!

Oye, oye, que hace poco os contaba que el nene contaba hasta tres (solo lo hace antes de saltar, de correr o de tirársete encima): “ina, te e yé”, pero ahora ya dice “uno, do y té”. ¡Qué evolución en nada!

También dice “pito”. Se lo enseñé ayer. Y entonces repasamos las grandes palabras junto con su padre: Teta, pito, caca, pis. Y no hay palabras que clave como estas cuatro (su preferida sigue siendo teta, tal y como os comentaba hace nada). Le hicimos un vídeo tronchante y cuando lo vieron mis amigas madres se regocijaron… por las situaciones embarazosas que nos va a hacer pasar El Cachorro a partir de ahora. Me parece que acabamos de crear un monstruo.

Niño

(Que no os confunda esta apariencia inocente y disimulada. Este niño dice “caca, teta, pedo y pis”).

Cachorro analógico

Hace dos días aquí el enano le sacudió un guantazo a mi súper cámara de fotos, la estampó contra el suelo y la fastidió para siempre.
Hoy ha sido el teléfono fijo. Cuando me lo encuentro con él en la mano, mi primer pensamiento ha sido: “Pero si este teléfono no tiene un cable tan largo”… Y no, no lo tiene. Le ha pegado un estirón que ha estropeado la conexión.

Está claro que El Cachorro tiene algo en contra de la tecnología y se está ganando un soplamocos que lo va a dejar viendo todo a lo Matrix.

Niño

(He aquí con un triciclo con pinta de haberse fabricado antes de que existiese la palabra “analógico”).

P.D. Lo de “se está ganando un soplamocos” es un decir, una forma de hablar. Que ya ha habido alguna absurda que se me ha escandalizado por decir en otras entradas que con unos niños repelentes me estaban entrando “ansias asesinas” o con unos padres de niños plastas, “ganas de ahogarlos”. ¿¿O ellas cuando dicen “a este lo mato”, lo matan de verdad?? Anda que no he afirmado ni veces, con respecto a mi crío: “¡Me lo comooooo!”, y aún no le he puesto una manzana en la boca y metido al horno. Sigue aquí, entre nosotros, ¿verdad? Que tenga que ir aclarando que existe algo llamado “sentido figurado”, ya es el colmo.

Guau guau

A ver, que a veces me sale ser muy moñas y hablar en moñas y otras hablo normal a mi hijo. Pero con el tema de animales, siempre me he referido a ellos por su nombre. No es un “pipi”, es un pájaro, por ejemplo. Bueno, pues lleva ya días señalando a los perros que ve y llamándolos “guau guau”. ¿Resulta que esto va a ser inherente a los niños? ¿Viene en su ADN?

Niño

Hacia el orinal

Y estando fregando en la cocina, se acerca el nene y me dice “pi”. “¿Tienes pis?”, le pregunto. Y, cosa rara, él no contesta que no (siempre dice no, aunque sea sí –ver capítulos anteriores-). Así que le digo, “venga, vamos al baño”. Y ahí, cojo por coger, que nos conocemos, el orinal. Le bajo los pantalones, le desato el body, le quito el pañal y oigo que en ese instante el nene dice “caca”, y en efecto, ¡¡veo asomar por entre las piernas un zurullo!!

El desastre.

La caca ha resbalado entre sus piernas, ha chocado contra el orinal, ha caído en el suelo.
Imaginad mi alegría.

Bueno, de avisar DESPUÉS de hacerse el pis y la caca –ver capítulos anteriores-, parece que hemos pasado a avisar DURANTE. Bien, bien.

Y que conste que esto lo hace desde que va a la guardería. Yo ni lo he intentado. Lo ve en los otros y luego viene a casa a emular proezas. Aviso para navegantes.

Niño

¡Teta!

Si estoy desnuda y cerca del nene, mi teta se da por estrujada. Se me ocurrió decirle cómo se llamaba, “teta”, como hace una semana. Pensé que tal revelación había pasado sin pena ni gloria. Hasta que hoy me ha vuelto a ver desnuda y, señalándome los pechos, se ha puesto a decir “teta, teta, teta” como un descosido. Y así lleva todo el día. Esta noche se ha puesto a gritar “TETAAAAA” sin siquiera vérmela.

Niño

Creo que estamos criando a un completo heterosexual.

Amo de casa súper dotado

Pero qué aplicado con las labores del hogar… A ver si no se le pasa esta fiebre. Mete la ropa en el tambor de la lavadora, utiliza cualquier cosa como escalón y, hale, a programarla… ¡De un apañao!

Niño

Y todo esto, con suma elegancia. Hoy lo ha vestido su padre y lo ha puesto hecho un dandy.

P.D. Una cosa es que vaya a programarla y otra que, en efecto, lo sepa hacer. Solo da a los botones y se extasía viendo las lucecitas. Lo digo por si ya hay madres por ahí poniéndose nerviositas con las comparaciones.

Malqueda

Se despierta cuando estaba yo en fase REM. Voy a su cuarto. Lo calmo, lo acaricio, lo cojo aúpa, y él empieza a llamar, de forma lastimera y pelín desgarradora, a su papá. “PAAA PAAAÁ, PAAA PAAAAAAAÁ”, entre sollozos.

Claro que el papá sin inmutarse. Roncando.

Y yo ahí, con el gordo en brazos, en plan ea, ea, con la cabeza como un bombo y la legaña en plena formación, pensando en la injusticia como concepto.

Niño