Un bebé con recursos

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No solo es porque le vaya la nocturnidad y necesite dormir menos horas que el resto de bebés, sino porque pillar el sueño se le resiste también. Está a un tris de caer, con el ojo pipa, y ya lo puedes acunar en brazos, ponerle ruido blanco, cantarle nanas en todos los idiomas, que si se ha de dormir, lo hará con dificultad al cabo de un cuarto de hora mínimo, media hora lo habitual. No he visto a un bebé que luche de forma tan titánica y con tanto ahínco contra el sueño.

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Pero hoy he visto que si le entra sueño y quiere echarse a dormir, ya se busca las castañas, ya. Le ha entrado un ataque de sueño jugando por el suelo y, en esto que se pone a reptar, se encarama en la maxicosi que estaba ahí a mano, se acurruca, y a sobar.

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Tan a guuuuuusto… Pena que no hagan cacharros de estos tamaño adulto, porque me da una envidia gordaca verlo roncando ahí metido.

Influencia galáctica

Continúo con mi afán de “estarguorizar” a mi familia.

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“El de rojo (Lord Sith) es amigo del que lleva la capucha (El Emperador)”, dice El Cachorro. Pues sí. Va pillando cómo van los equipos…

Pero a un niño que utiliza el concepto de “ayer” por “el otro día” o “un día indeterminado en el tiempo”, a ver cómo leches le explico que en las películas que ha visto después de la trilogía que salió primero, no estaba Darth Vader… Yo no sé por qué me complico la vida y me empeño en que vean las pelis por orden de aparición, y no lógico. Qué jaleo. Creo que prefiero meterme con lo de cómo vienen los niños, de verdad.

Pero los jedis, las naves espaciales y toda la vaina le han calado, sí. Estamos en Pamplona y vamos paseando por la calle, cuando se para y señala un edificio: “¡Mira, parece “Estar Guors”!”

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Y me pregunto si no le he dado la matraca demasiado con el tema, que ahora va a resultar que Papá Noel le va a parecer que es Yoda vestido de rojo o un bicho raro con los que uno se topa en un bar de Tatooine.

Al día siguiente, en casa de los abuelos, El Cachorro es de los primeros que se levanta. Para cuando bajo yo a desayunar a la cocina, él y mi madre ya han echado casi el día. El caso es que mi madre, en cuanto entro, me cuenta alucinada y recreando la situación: “Oye, tu hijo coge un aro, lo pone así en la pelota, y me dice: “Es Saturno””.

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La verdad que es de aplauso el tema.

Alias varios

Le ha dado a El Cachorro por ponernos alias.

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Y nos hemos quedado así:

Abuelo: “Serpiente que puede apretar muy fuerte”.
Don Bimbas: “Robot que rompe los juguetes”.
Señor de las Bestias: “Tiburón que me muerde”.
Abuela: “Robot que busca las zapatillas”.
Yo: “Carita de princesa”.

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He salido la mejor parada, y sin influencia ni presión de ningún tipo (lo digo en serio). Estoy más contenta que chupita. Porque si fuera ligeramente observador, me habría bautizado con algo así como: “Robot que come pasteles y todo lo que contenga azúcar y esté a su alcance, incluidas mis chucherías, como si no hubiera un mañana, que tiene carita de princesa”.

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A su hermano pequeño le cambió el nombre días más tarde por “Robot que tira la nariz”, porque, sí, tiene la manía de pillar de la nariz al que se la ponga a tiro. En cualquier caso, unos alias muy acertados y descriptivos.

Por cierto, que cuando ya le pregunto que quién es él. Me informa:

“Robot que busca los nombres”.

¡Lógico!

Pedorretas de vuelta

Claro, donde las dan… Me inflo a hacerles pedorretas a mis hijos en la tripa y luego, pues eso, me corresponden.

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Qué maravilla, babas de mis hijos en el ombligo.

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También en la cara, no os vayáis a pensar. Don Bimbas es especialista en hacer pedorretas a un milímetro de mi rostro y ducharme entera.

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Menos mal que no soy escrupulosa. Con ellos. De ellos soy capaz de meterme comida que han mordisqueado y no quieren a la boca y tragármela. Con lo que yo era, que antes de ser madre me caía una gota de saliva de un crío en el meñique, y andaba con el dedo en alto hasta que me lo lavaba. O con lo que soy, que un amigo me da algo con una cuchara que ha chupado y me da repelús. Un mundo, esto de las babas.

Progresos

Mi bebé es como una centella. Crees que está a tu vera cuando en realidad ya hace tres años que ha llegado a Sebastopol.

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Estaba en su habitación sacando su ropita del armario, y en esto que en la segunda prenda que me dispongo a extraer, ya no lo veo a mis pies, como estaba hacía un segundo. Salgo al pasillo y me lo encuentro ahí, escalando…

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Madre mía el petardo este. Espabilado y rápido. Que me den un bebé normal, por favor, que yo ya estoy mayor.

Silencio, bebé durmiendo

De un tiempo a esta parte a El Cachorro le ha dado por utilizar el verbo llevar en vez de tener. Así, nos comunica cosas como “no llevo sueño” o “llevo hambre”. ¿De dónde se habrá sacado esa expresión?

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Lo que sí lleva es mucha cautela. Vamos en el coche los cuatro, y el Señor de las Bestias y yo hablando. De repente oímos “sssssh”. El Cachorro nos manda callar. Don Bimbas se ha dormido y hay que respetar su sueño. Qué mirado mi niño mayor. Lo que hubiera dado yo por tener uno como él (es que yo soy la mayor, y esa sensación de ser protegida por un hermano mayor cuando era un moco la desconozco y envidio a partes iguales). Es que me lo como por los pies.

¡Placa!

Hoy me he levantado pensando en… ¿cómo y con qué lava la ropa mi madre para que huela tan rebién? Soy madre. Se supone que ese secreto me tenía que haber sido revelado. Pues no. Jamás consigo ese olor maravilloso y especial.

Bueno, andaba yo dándole vueltas al asunto mientras iba hacia la cuna a cambiarle las sábanas, y me encuentro a Don Bimbas poniendo en práctica su mayor afición.

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Arrojar cosas al suelo. ¿Que cómo sé que es lo que más le gusta? Pues, aparte de por la repetición constante, por encontrarme mil chismes desparramados, que un día de estos me rompo la crisma, por esto:

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¿Habrase visto mayor cara de felicidad? No hay duda: poco hay más apasionante que ver cómo suenan las cosas cuando las estampas, u observar simplemente su vuelo en el caso de los peluches o… que es lo que me estoy temiendo, contemplar cómo tu madre, deslomada, va recogiendo uno a uno todos los juguetes esparcidos y deslavazados para recolocarlos en su sitio. Y en su sitio duran dos segundos… Debo ser tonta, al reponerle la munición sin parar. Bueno, al menos sirven para algo, porque por lo demás los peluches se la megarrepanpinflan. Están de adorno, con lo que los odio. Estoy pensando en hacer prácticas con ellos con el tema del olor después del lavado, a ver si consigo una colada con el aroma de las de mi señora madre. ¿Qué tal olerá el salfumán?

La secta de las palomitas

Tenemos a otro palomitero en la familia.

El pequeño puede que sí tienda a llevarse cosas a la boca, pero rara vez repite. Ya conocéis lo poco amigo que es de comer en general. Así que curiosea, prueba, pero no pasa de ahí. ¡AAAA-MIGO! Con las palomitas la cosa cambia.

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Le partí un cachito de una para que la probara… y un nanosegundo después se lanzaba en plancha al cubo. Y, claro, la competencia era tremenda, porque tanto su hermano, como su padre, como yo, andábamos metiendo la manaza y cogiéndolas a puñados.
Menuda pugna.

Ir al cine cada vez nos va a salir más caro.

Milagro de Navidad para una madre en apuros

Pues resulta que hay gente buena por el mundo.

Mi hijo, que no es nada caprichoso, solo me pidió una cosa por su cumpleaños, que cumple el 8 de diciembre: el coche de Chase de “La Patrulla Canina”.

Como luego, entre la celebración del cumple con los de clase, la celebración del cumple en la urbanización y lo que le fuera a caer de la familia, nos iban a preguntar que qué quería, lo llevé a una tienda de juguetes y le intenté meter alguno por los ojos, para así poder guiar al personal con la compra de juguetes. Él, mientras sorteábamos estanterías repletas de muñecos, coches y juegos, decía “cómo mola”, pero, poco más. Incluso: “¡Mira, un parking!… pero yo ya tengo uno”. A sabiendas de que por ejemplo el de su vecino es más grande, es decir, de que existen parkings con más cosas y más chulos. Pero él ya tiene uno. Qué crío tan práctico y poco caprichoso. Me recordó a una anécdota que contó Will Smith sobre lo que le dijo su padre cuando él se hizo millonario y se empezó a comprar coches a cascoporro: “¿Para qué quieres tantos coches si solo tienes un culo?” Buena lección.

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En cualquier caso, me quedé con alguno que más que él, fiché yo, y con la tarea primordial de, por parte de su padre y mía, comprarle el único juguete que había pedido, el coche de Chase de “La Patrulla Canina”.

Pues oye… fue empezar a buscarlo, y ni rastro. Lo comenté con vecinas madres, más puestas que yo en el tema juguetes, y se me descojonaron, como si yo fuera tan inocente de pretender comprar el Santo Grial en una tienda de vajillas. Que esos juguetes vuelan, que no hay manera de encontrarlos, que a menudas horas me pongo yo a buscarlo, con la Navidad a la vuelta de la esquina… ¡Pero bueno, si aún estamos en noviembre! ¿Estamos locos?

Total, que el tema del cochecito en cuestión se convirtió en el regalo imposible. Y yo negra. Negrísima. Para una sola cosa que se le antoja a mi niño, y no era capaz de encontrarlo. Me recordaba a mí misma a Arnold Schwarzenegger en “Un padre en apuros”, aquella película en la que se volvía loco por hacerse también con un regalo para su hijo.

En unos conocidos grandes almacenes, lo intento de nuevo. Los dependientes hasta se burlan de mí. “Agotadísimo, imposible encontrar nada”. Mi cara, un poema… Y en esto que, una empleada que me atiende en el mostrador con otro juguete que he comprado, me pregunta si yo soy yo y se declara seguidora de este mi blog. Lo descubrió en un grupo de FB al que ambas pertenecemos, “Marujas en red”, que administra Gema Lendoiro. Le digo que sí y nos ponemos a cotorrear. Le acabo contando mi drama, y ella me confirma que los que fabrican estos juguetes de “La Patrulla Canina” ya no hacen más, que pasan de mandar más para la campaña de Navidad. ¿¿En serio?? ¿¿Estamos locos?? ¡Qué poca vista comercial, por favor! Lo flipo sin parar. Pero, acto seguido, solidarizándose con mi auténtica decepción, ella, con un aire misterioso, me dice que puede dar con la solución…

Me propone que me vaya a dar una vuelta y luego vuelva, porque ella hará cuanto esté en su mano para poder solucionar mi gran entuerto. Enseguida lo consiguió, y lo divertido fue ver cómo se las ingenió para dar conmigo…

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¿Conocéis un grupo “feisbuquiano” más útil que este?

No voy a revelar en qué consistió porque luego me vais a freír a mensajes preguntándome que quién era mi ángel de la guarda disfrazado de dependienta, cuya identidad como veis también protejo, porque abusaríais de ella y de sus truquis cuando la quiero toda para mí, para aprovecharme yo y solo yo en futuras ocasiones, ¡menudo filón! No, de verdad, la necesito más que vosotros. No dispongo de tiempo en mi vida y no soy nada previsora en este tema. Necesito una solución de última hora más que nadie…

En efecto me sacó el bendito coche de Chase de “La Patrulla Canina”, escondido, porque hacer el trayecto con él a la vista era harto peligroso, pues algún padre igual de desesperado que yo la podía atracar, lo llevó al mostrador, escondiéndolo también lo envolvió y me lo vendió.

Maaaadre del amor hermoso. Ni un bolso de Louis Vuitton, ni un diamante de Suárez, ni unos Louboutin, ni una montaña de palmeras de chocolate, ni un viaje pagado a la Polinesia Francesa, ni Hugh Jackman desnudo con un lazo, me hubieran hecho nunca tantísima ilusión como el coche del perro repelente ese.

Descubrí que existía un oculto mercado negro de juguetes. Mi ángel me confesaba a lo Blade Runner: “He visto cosas que no creerías”. Indagaré, porque esto, por lo visto, sí merece una película.

Salí del establecimiento bailando la conga y con el regalo bien agarrado. Cualquier padre podía oler lo que contenía y asaltarme. Conseguí llegar a casa con él sano y salvo.

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Y mi niño, el día de su cumple, tuvo el coche de Chase de “La Patrulla Canina”. (Lo de que dos días antes ya no me lo mencionó y me pidió otra cosa, y que luego al abrirlo le hizo ilusión pero no como para tirar cohetes, me voy a ahorrar contároslo…)

Un literato en la familia

Me pongo este jersey:

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Me ve El Cachorro: “¡Mira, un beso con dientes!”

Jaaaja. Claro. Eso es exactamente lo que es. Acto seguido le enseño una foto de un compañero de trabajo:

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Su reacción: “Es muy gracioso. Tiene los pelos locos con rayas”.

Pero El Cachorro no es un hacha solo describiendo la realidad. También domina el oxímoron. Para quien no lo sepa, es una figura literaria que consiste en utilizar dos conceptos de significado opuesto que originan un nuevo sentido. Por ejemplo: silencio atronador, hielo abrasador o lucha por la paz.

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Pues ha utilizado el oxímoron cuando, al sacar el muñeco de Spiderman y ver cómo Don Bimbas quería hacerse con él, salta: “El gigante pequeñito ataca a Spiderman”.

“El gigante pequeñito”… Él sí que es enorme.