Limpieza y pimpollez

Que se manche la mano con puré, con arena… y que te la enseñe para que se la limpies. ¡¡Me lo comooooooo!!

Niño

Claro que tiento a la suerte con eso de “qué limpio que es mi niño” y voy y le compro unas zapatillas de loneta blancas. Una auténtica temeridad, lo sé. Pero siempre me he caracterizado por ser una tipa aventurera y arriesgada.

Pues bien, un breve paseo alrededor de la manzana de casa y…

Niño

Pero son gajes de ir por la vida guapérrimo. La semana pasada sin ir más lejos escuché en la piscina que una vecina le decía a otra, en referencia a mi hijo: “Qué bien vestido va este crío siempre”. Y yo me empecé a inflar, inflar, inflar…

Y lo que es tremendo es lo mío. Fue escuchar eso para que hoy, que lo he puesto hecho un pincel, me “dejara caer” por la piscina, donde sabía que estaba la vecina de buen gusto, para volver a oír lo mismo. Y lo he oído, ¡vaya si lo he oído!

Niño

La ocasión lo merecía. Íbamos a comprar su silla para la bici.

Niño

Peluquería alternativa

Mi madre siempre contaba que cuando ella era pequeña tenía un perro que era un bendito y que se dejaba vestir de muñeca sin decir ni guau. A mí nunca me han gustado las muñecas pero sí jugar. Y como ahora no tengo perro, hago experimentos con mi hijo.

¿Y si le paso el aspirador por la cabeza?

Niño

¡Anda! ¡Consigo una moderna cresta!

Niño

Claro que si a él no le gusta no tiene más que DEJAR DE PONERSE EN MEDIO COMO EL MIÉRCOLES CUANDO UNA ESTÁ HACIENDO COSAS COMO LIMPIAR LA SILLA DEL COCHE y también, ya que estamos, ATENERSE A LAS CONSECUENCIAS DE ANDAR DESDE QUE NACIÓ ARRANCANDO EL PELO DE SU MADRE.

El horror

Oigo despertar al nene de su siesta y acudo presta a su habitación. Qué gusto da ir sabiendo que al abrir la puerta te vas a topar con ese aroma de nene dormido y, en efecto, abrir la puerta y percibCOÑOOOOOOOO, ¿¡QUÉ PESTE ES ESTA?! ¡¡LAMADREDELCORDERO!! ¡¡¡ES EL OLOR DEL INFIERNO!!!

Un PUEJ con mayúsculas. Y cuando abro la persiana, me encuentro con el dantesco espectáculo. ¡¡¡ESTÁ TODO CAGAO!!!

cuna

Un montón de caca repartida por toda la cuna. El nene, sentadico, aparta la almohada para señalarme una cagarruta de todo el mierdón que se le ha escapado del pañal. Más mooooooono. (Sí, logro pensar lo mono que es a pesar de la asquerosidad reinante).

¡¡ME CAGO YO EN LOS FABRICANTES DE PAÑALES QUE DICEN QUE “HASTA 12 HORAS SECO” Y “SIN ESCAPES” Y ME VOY A PLANTAR EN SUS OFICINAS Y LOS VOY A ENCERRAR AHÍ CON ESTA SÁBANA QUE LES VOY A PONER DE SOMBRERO!!

Cojo la cuna entera (dejo los maderos, más que todo porque no caben en la lavadora) y la echo a lavar. Acto seguido agarro a El Cachorro y le quito el pañal. No os queráis imaginar con lo que me topo. REPUAJ. Y lo meto en la ducha, intentando eliminar de él, del baño, de su cuarto, de la casa… el nauseabundo olor reinante. Estoy por llamar a un desinfectador profesional. Lo pienso, mientras intento contener el desayuno en mi estómago…

ropa

“Sé madre”, dicen, “son todo satisfacciones”. Hombre, todo, lo que se dice todo…

Y menos mal que estoy en paro y puedo dedicarme a poner lavadoras y bañar al enano, porque te encuentras este pastel con el tiempo justo para llegar al trabajo, y te cuento yo la alegría por bulerías que te entra.

Colada con sorpresa

Pasa que hoy por hoy poner lavadoras se está convirtiendo en una especie de peli de intriga total. Porque en las dos últimas he encontrado, además de la ropa, algunos objetos inesperados. Unos cacitos de la leche de fórmula en la anterior y en la de hoy un bote de plástico.
El pequeño, que me ha salido muy limpito. Y convierte la colada en una auténtica aventura.

He aquí preparando la siguiente…

Aba

Ay, qué mono que me lo como. A fuerza de cantarle “Cucú, cantaba la ranaaaa, cucú, debajo del aguaaaa, cucú, pasó un caballeroooo, cucú, con capa y sombreroooo…”, él, con su idioma particular, la versiona:

“Cucú, tapapa patalaaaa, cucú, papapa abaaaaa, cucú, balala lo papoooo”. Lo único que se parece al original, aparte del cucú, es el “aba”, que es así como llama al agua desde hace tiempo. Y lo clava, lo dice exactamente donde va.

Sí, lo de “aba” lo tiene bien aprendido. No hace más que pedir agua. Y bebérsela. “Aba, aba, aba”… Así todo el santo día. Hoy el Señor de las Bestias, al decimosexto “aba” ya ha exclamado: “Qué pesado. Se conoce que de pequeño no bebió agua y ahora está bebiendo toda la que no bebió durante año y medio”.

Y en el fondo puede tener su parte de razón. Este niño no bebía agua. Claro que igual era porque tampoco se la ofrecía…

Desplante

Yo creo que a mi hijo todo se la pela. “Que me voy, ¿eh?, como no vengas me piro”, le digo. Y el otro va y me hace “adiós, adiós” con la manita.

Lo peor es que me voy y él se queda tan campante.

Snif.

Menos mal que está su padre para compensar. Y en medio de un viaje para el coche y…

Meaplayas a mucha honra

En su primera incursión en la playa de Ondarreta, mi niño se ha dirigido a la orilla y, como navarro de pro, ha llevado a cabo una espectacular meada.

(Para los profanos en la materia, los “guipuchis” nos llaman a los navarros “meaplayas”. Nosotros a ellos “robasetas”).

Y luego, quizá despistado por la fama de los pintxos donostiarras, se ha creído que todo el monte es orégano y se ha puesto a zampar arena como si no le diéramos de comer. Y se la tira por encima, y se revuelva en ella, y se la mete en el ojo… Con lo engorrosa que es, por favor. Este crío está hecho de otra pasta.