Bocados de amor

Mi nene nos pega a su padre y a mí unos mordiscos finos. Pero fuertes, ¿eh?, de los de hacer daño. Y le reprendemos por ello. Pero me acabo de dar cuenta de de dónde le viene la afición… Nos hemos pegado su primer año y ocho meses de vida diciendo “me lo comooooo”. Y comiéndonoslo. ¿Qué esperábamos?

Claro, que a ver quién se resiste.

¿Dónde está El Cachorro?

Aquí el pitufo decide que se va, ¡y se va! Y no mira atrás ni por asomo.

Ah, ¿que no lo veis? Esperad, que os lo acerco y señalo.

Pues eso, en el quinto pino y ni mira. ¡Ni una vez! Le da igual si estás como si no. Él, a lo suyo. Y os aseguro que se puede ir lejos, muy lejos (muchísimo más).

De hecho en una de esas veces quise escarmentarle. Lo seguí en la distancia. Muy alejada de él pero cual detective profesional (me faltaba el periódico con ojos). Él, de aquí para allá, por toda la playa, metiéndose en charcos y preocupando a los otros padres, que se pensaban que estaba solo. Yo, todo el rato detrás de él y moviéndome de tal forma que estuviera colocada a su espalda. No me tenía que ver. Se tenía que dar cuenta en un momento dado de que estaba solo y asustarse. Y así aprendería la lección.
Oye, pues no. Igual estuvimos así media hora, y no exagero, hasta que me cansé de acechar de pie y descubrí mi posición. Él, como si siempre hubiera sabido que yo estaba ahí con él, sin sorpresas ni aspavientos, como si nada. Un fracaso total.

Luego no sé por qué monta los pollos que monta cuando lo dejamos en la guardería.

Todo un detalle

Primera rabieta. Ha tenido a bien pillársela de camino a la playa, con venga de veraneantes pasando por su lado, asustándose, compadeciéndonos. Y ha rematado la faena en la arena. El resultado: un cabreo rebozado.

Qué majo, estrenarse en estas lides en plenas vacaciones y en público. Ya veo que no le gusta pasar desapercibido…

Huida

Si es que es así. Una se da la vuelta un milisegundo y el canijo aprovecha para tomar las de Villadiego

Niño

Y acelera de 0 a 100 Km/h en un periquete, con lo que toca lanzarse a la carrera y atraparlo al vuelo.

Niño

(A esto se le llama echar una carrera por tierra).

Pestañas king size

Pero, ¿de dónde habrá sacado mi hijo esas pestañas rizadas y hermosas? ¡Las quiero! ¿Algún transplantador de pestañas en la sala?

Niño

¿Veis? Por estas cosas son por las que creo que nos lo cambiaron en el hospital.

Cosas de mayores

El hotel tiene guardería. Tiene que ser guay. Y digo “tiene que ser” porque nuestro intento de dejar al nene ahí ha sido total, absoluta e indudablemente frustrado.

(Momento previo a la hecatombe).

Lo hemos metido en el recintito con columpios y juguetes y al principio le ha hecho hasta gracia. Pero en cuanto nos ha visto alejarnos ha armado la marimorena, con unos berreos finos. En pro del descanso de los demás veraneantes, no nos ha quedado más remedio que asumir que al servicio de guardería del hotel no le vamos a sacar ningún partido y llevárnoslo con nosotros.

Con las ganas que tenía yo de dejarlo un rato para poder jugar a médicos y enfermeras con el Señor de las Bestias. Pues nada, nos hemos bajado los tres a la playa para jugar a otras cosas como navegar en colchoneta:

Construir estanques de agua marina:

Hacernos pasar por caballo y jockey:

(Esto es lo que se conoce como “mi hijo se me está subiendo a la chepa”).

Emular a Superman:

Enterrarnos:

Y, cómo no, las clásicas cosquillas:

¡Será por juegos!

Ahora, está claro que los chicos no me siguen el ritmo…

Un cumpleaños perfecto

Bueno, pues es mi cumpleaños. Ya me estáis felicitando todos que me encanta y yo soy muy mía para estas cosas. Paso revista.

Y os voy a contar en qué consiste un día que se sale.

Para empezar, pom pom en la puerta de la habitación del hotel (estamos de vacaciones, así que el cumple ya arrancaba bien) y desliz de papel por debajo. Resulta que me esperaba un paquete en recepción.

Puerta

Que no se entere el Señor de las Bestias, pero ya solo con eso, más contenta que unas pascuas. Bueno, al final del día lo estuve más aún, pero el comienzo fue sublime.

En efecto, un regalito para servidora. Un objeto que necesitaba y había pedido expresamente. Pero, no acaba ahí la cosa. Para continuar, de nuevo llaman a la habitación y solicitan que vaya a recoger otro paquete…

Esto sucede en ausencia del Señor de las Bestias y El Cachorro, que se han ido a hacer un recado. Y cinco minutos después de que vuelvan, otra vez me reclaman en recepción.

Llego: “Hola, creo que tienen algo para mí”. “Ah, sí, sí”, me contesta el recepcionista mientras esconde una sonrisa. Desaparece y vuelve, entre asombrado y divertido, con…

madre en la playa

¡¡Esto!! ¡Una colchoneta! Ayer hice un comentario en FB acerca de ellas.

Como veis, alguien sugirió que la pidiera por mi cumple, se lo conté al Señor de las Bestias y…

Al día humor no le ha faltado. Porque El Cachorro se ha armado lío con de qué parte de la cabeza de mamá había que tirar para contar los años.

Niño

Como no podía ser de otra manera, la comida ha estado a la altura de las circunstancias. Súper arrozaco con bogavante.

Se podía saborear hasta el olor. Menos mal que no había un cementerio cerca porque nos resucitan todos y nos vienen de gorroneo.

Pero, aunque parezca increíble, esta comida se queda corta comparada con la cena. No se lo ferió ni bien mi chico. Ya tenía organizado hasta con quién dejar a El Cachorro. Eso sí que es tener las cosas atadas y bien atadas.

Una buena ducha, un tacón y restaurante fetén. Y después de una copiosa cena de lujo, en los postres velita y regalito.

El regalo aparece en la siguiente foto. ¿Adivináis qué es?

Un cumpleaños REDONDO.

Agua que puede correr, bébetela

Qué manía tiene este crío de chupar (y beber) el agua de las piscinas. Cada vez que se mete en una, saca la lengüini a pasear y el nivel desciende unos centímetros.

Niño

Halaaaaaaa, con todo el clorazoooo. Debe de tener el estómago más desinfectado del mundo.

Niño