Imperativo de niño de tres años

Está El Cachorro viendo la tele y aparece una famosa hormiga de un programa. Me pregunta que qué come. Le contesto que ni idea, que no se lo he preguntado, y me reclama:

“Mamaaaaá, ¿por qué no lo sabes? ¡Sábelo!”

niño

¡Jíbalo! No se puede ser sincera. O por lo menos no se puede ser tan perezosa como para no improvisar algo sobre la marcha. A ponerme las pilas.

El pez no come

Publicaba aquí hace más de un mes el deceso de los peces de mi casa. Unos peces por los que El Cachorro jamás preguntó, después de la historia tan bonita de amor en un gran estanque que me había inventado y que nunca le pude contar.

Pues hoy me pongo a limpiar la pecera, que la tengo con agua, la planta de plástico que venía dentro y un pez de juguete, y me pregunta mi hijo por los peces.

– ¡A buenas alturas! ¡Anda que los has echado tú de menos! – es lo único que me ha salido decir. Y acto seguido le he contado que ya hace tiempo que no están aquí, que se los llevó papá a un estanque muy grande y muy chulo para que tuvieran pececitos. Y él tan campante, vaya.

Cuando le doy el parte al Señor de las Bestias, me cuenta él a su vez que El Cachorro, hacía unos días, le decía a su abuela que el pez azul no comía. Vamos, que notaba algo raro pero no se lograba explicar qué era exactamente.

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Qué bien llevan los niños las ausencias, ¿no?

No sin mi tet… birra

Ya podía, ya… Así le daría un descanso a mi teta.

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Es tremenda la adicción que tiene conmigo. Hasta tal punto, que me da la impresión de que me ha colocado un chip o algo sin que me entere y me tiene geolocalizada. Si vuelvo del trabajo y están mis hijos con su padre en la piscina, y entro en el recinto, no de la piscina, sino de la urbanización, Don Bimbas ya se pone negro. Empieza a decir “¡ah, ah, ah!”, a mirar en la dirección desde la que voy a aparecer, y a estirar los brazos. Los vecinos lo flipan: “¡Te huele a kilómetros, tú!” El Señor de las Bestias: “Es increíble. Te ha visto a lo lejos y te ha seguido con la mirada todo nervioso hasta que has llegado”, me explica cuando ya tengo al gumersindo colgando del pecho…

El juego de título interminable

Le da el Señor de las Bestias a El Cachorro y a sus amiguitos una servilleta hecha un burruño.

El Cachorro: “¿Jugamos a la pelota que pilla, pilla, que coge, coge, que bota, bota?”

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Y, pese a lo descriptivo del título, no me enteré muy bien de en qué consistía. Pero seguro que era tan apasionante como colocarse debajo de un secador de manos.

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Asalto a la teta

Don Bimbas no toma teta, la asalta. Incorpora su cabeza…

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… se pone boca abajo, llega hasta el pezón…

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… se asegura de que es verdaderamente lo que está buscando…

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… y le pega un traskao.

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Para lo que quiere, bien que se mueve.

Creo que es una versión de Carpanta, que cuando le entra un apretón de hambre, transforma en su imaginación las cabezas de la gente en pollos asados. Me da que cuando aparezco, para él es como si viera acercarse un plato de ternera a la jardinera.

Juguetes usados

Es un hecho. Tienes un primer hijo, y te forran a regalos. Tienes un segundo, y te comes los mocos. Y él. Bueno, no. En realidad los niños que son segundos, tienen de todo así, para empezar. Pero es de segunda mano.

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A El Cachorro le regalaron un juguete que olvidé en un armario y, para cuando lo descubrí, ya se había hecho mayor para él. Así que a Don Bimbas, para variar, le acaba de caer hoy este caballo superchulo para mayores de 6 meses, ¡a estrenar!

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¡Feliz!

Las noches de la urbanización

Se nos ha hecho de noche en la piscina de la urbanización. Unas horas en las que ciertos artilugios entran en funcionamiento…

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Así que habiéndonos dejado los aspersores a los críos pasados por agua, estando donde estábamos, haciendo el calor que hacía y teniendo las ganas de jarana que teníamos, no hemos tenido más remedio que continuar la juerga y bañarnos. Una experiencia para los peques, ¡y para los mayores!

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Luego ya era muy tarde, y nos daba miedo andar por ahí, tan de noche… Así que yo me he agenciado unos guardaespaldas.

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Así de protegida, nada me puede pasar.

Madre trabajadora

Llego de trabajar y me recibe un bebé hambriento que, por no lanzárseme a la yugular, lo hace a la teta. No espera ni a subir a casa, me desnuda en el jardín. Y ofrezco estampas como la siguiente:

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“Madre dando el pecho a su hijo pequeño, sujetando la merienda de su hijo mayor y atendiendo unos whatsapps del trabajo en su móvil”. Así se podría titular la foto. ¿Os estresa leer algo tan largo? ¡Pues a mí padecerlo!

Presentador fichado

En post anteriores… De cómo su abuela captó a El Cachorro para el programa “Pasapalabra”. En Pamplona se sientan los dos a verlo, mano a mano.

Una vez en Madrid, bastante, pero bastante tiempo después, estamos viendo por la noche un programa de TV y enfocan al presentador. El Cachorro: “¡Mira, Pazapalabra!” El presentador es Christian Gálvez, sí, pero en otro espacio. Dios mío, qué fiche el crío. Me deja del revés.

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Sí, no sabía cómo colar esta foto. Es que tampoco tenía una del momento. Hale, ya veis qué atleta estoy hecha. No lo intentaba desde mi infancia. Quien tuvo, por muy madre que se haya convertido, retuvo.

Bigote polémico

A El Cachorro le encanta que se le quede bigote de chocolate cuando bebe ColaCao. Y vérselo. Así que ¡me pide que le haga foto! Y posa y pone caras.

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No es la primera vez que me dice “hazme una foto”, pero sí que es algo reciente. Antes huía. Pero ya lo he conseguido. A fuerza de foto, tras foto, tras foto, tras foto…

Ya lo dice mi madre: “Estos niños no van a tener vida para ver todas las fotos que les has hecho”.

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Cuando me iba de casa, me ha dado un beso en la boca y hemos hecho como que yo iba al trabajo con bigote también. Nos hemos reído. Pero cuando llega la noche y vuelvo, y recordamos lo del bigote, me dice que está triste porque los amigos del trabajo de mamá se han reído de ella por llevar bigote (es lo que se ha imaginado). ¡¿Tú te crees?! Aunque le he dicho que no me importaba, porque era broma, él seguía diciendo que no le gustaba que se rieran de mí. Ya le he tenido que asegurar que de mí no se reía nadie, que no se preocupara, que en todo caso conmigo. Por favor, qué pobre. No tenía ni idea que ya manejaba ese concepto.