Cachorro acuático

Este niño adora el agua desde siempre. Una de sus grandes aficiones es la de sumergirse y, si pudiera tragarse toda la de la bañera, mejor que mejor.

Niño

Aquí anda, con la línea de flotación en la nariz y tan contento. De vez en cuando se escurre para abajo y se parte de risa. Susto, ninguno. Emerge corriendo, vuelve a encontrar el equilibrio enseguida y continúa disfrutando de su baño bebido.

Pero para cuando se canse de estar en remojo, ya tiene un plan B, todo preparado para ir en “umaco” (un barco) que acaba de ver por la calle. Este:

Niño

Oye, que si trasatlánticos de esos de dieciséis pisos, con bien de hierro y toneladas, flotan, ¿no va a hacerlo esto?

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 9. Comer a deshoras

Hoy me he levantado con antojo. Me apetecían unos macarrones con tomate y chorizo y queso al horno que hago que están que se salen. En concreto unos que me había preparado en un tupper. No tendría nada de particular si no me los hubiera zampado… para desayunar. Esta foto está hecha a las 10:35 de la mañana. Tomen nota, señores: sientan de lujo.

Niño

Es que no sé por qué demonios las cosas hay que comerlas cuando se supone que hay que comerlas y no cuando realmente apetecen. Mi amigo Miguel aún se espanta cuando, hace años, me vio zamparme para desayunar una lata de fabada Litoral. Y no contenta con eso, otra de cocido. Júrolo. Se lo preguntáis si queréis. Tal orgía legumbrera me sentó de lujo. (Tenía una resaca de escándalo, todo hay que decirlo).

Y, por ejemplo, no me explico por qué en el supermercado no hay turrones después del 6 de enero. El año pasado estuve comprando (y comiendo) polvorones hasta junio. Los del súper no paraban de sacar bolsas de sus excedentes gracias a mí. Este año llevo el mismo camino. ¡Y tengo un seguidor fiel!

Niño

Otro adepto a la secta del polvorón a destiempo.

Libertad de expresión artística

Para hacer un garabatillo en condiciones hay que concentrarse de lo lindo. No es gratuito, qué os pensáis. Como suelen decir, “que las musas te pillen trabajando”.

Niño

A éste últimamente le pillan a menudo. Al llegar a casa de una larga jornada laboral me encuentro con que la chica que cuida a El Cachorro se dirige a él y le dice: “Dile, dile a mamá lo que has hecho”. Para mí que era en tono reproche, pero él, muy ufano, me cuenta: “He pitau paré”. “Enseña, enséñaselo a mamá” (qué manía tiene esta mujer de repetir los verbos). Y de nuevo él, todo orgulloso, me coge de la mano, me lleva a un cuarto y me muestra su obra.

Niño

“Eto Simón”.

Yo no me he alegrado mucho, la verdad. Aunque la cosa no ha sido tan grave porque el pequeño ha tenido el gran detalle de pintar esos rayajos con lápiz. Así que acto seguido lo he puesto a borrar con una goma.

Niño

Pero eso no le ha debido de parecer tan gracioso y al final he sido yo quien ha acabado con semejante manifestación artística.

Pero qué sorpresitas me prepara el muchacho…

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 8. Ahorro

Hoy le he comentado al Señor de las Bestias que convendría que volviéramos a las clases de preparación al parto. Dios me ha dado muchas, muchas virtudes, pero entre ellas no se encuentra la capacidad de retentiva. No me acuerdo de nada. Me acabo de preñar y parece que voy a ser madre primeriza. Y me consta que el coautor también anda escaso de recuerdos. Pero, ¿no va y me dice “si no sirven para nada, total luego van y te rajan”? El Cachorro vino al mundo por cesárea urgente. Así que de nada sirvieron ni las respiraciones, ni el masaje perineal con aceite de rosa mosqueta, ni nada. Me ha sugerido que me rajen desde un principio y andando.

Niño

Y hablando de, me quiere sonar que cuando me practicaron esa cesárea salvaje (porque así fue, salvaje, y así lo conté aquí en diciembre de 2013: http://www.cosmopolitantv.es/madreprimerizaenapuros/sin-categoria/1826) juré que jamás, jamás, jamás, iba a volver a tener otro hijo. Pero mi memoria es traicionera. ¿Seguro que fui yo quien dijo eso?

DIARIO DE UNA EMBARZADA. Capítulo 7. No hay náusea que valga

No es ningún secreto que me gusta comer. Mi fiemez congénita es harto conocida. Menos, que me encanta hacerlo con excusa para tener menos cargo de conciencia. Eso de “es que ahora hay que comer para dos” me viene al pelo.

Ahora, que tenga ganas de vomitar ¡y que las mitigue poniéndome como El Tenazas…!

Niño

Anda que no oigo veces de embarazadas que no solo no ganan peso sino que lo llegan a perder de las numerosas náuseas que han experimentado, que se les quitan las ganas de comer, que no les entra nada, que lo echan todo… Pues nada, esas náuseas me atacan a mí y descubro que se me pasan ¡comiendo! No, hombre, no. Todas las de las náuseas sin probar bocado y yo poniéndome ciega. Basta ya, Amaya Rey, basta ya.

¡A inglés!

He aquí mi pequeño que agarra mi bolso y decide coger las de Villadiego.

Niño

(Y que lleve el bolso mejor que yo, el jodío…)

Niño

Y le preguntas: “¿Qué haces?”, y él dice: “¡Me voy!” Y, “¿a dónde vas?”, y me contesta, decidido: “¡A inglés!”

Niño

Vaya… ¡qué éxito! Por casualidad descubrí que los nenes de mi urbanización llevan yendo a inglés con una profe que viene a una sala común desde septiembre y apunté a El Cachorro hace semana y media. El miedo era si se adaptaba. Que los otros llevaban mucho tiempo. Que no va a entender nada. Que…

“¡A INGLÉS!”

Pues eso, que dos días por semana van a ser pocos.

Celos del “tío”

Creo que el nene tiene celos del perro (de cómo le tratan mis padres al perro) y ahora imita las cosas que él hace…

Niño

Que, claro, si mis padres le hablan como a un hijo, eso quiere decir que el Sila es mi hermano, ergo tío de mi hijo, ¿no? Ahora entiendo a la familia Iglesias.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 6. Turgencia

El cuerpo tiene memoria. Ya he contado que, como este es mi segundo embarazo, he comenzado a notar signos de que de nuevo se está cociendo algo desde el minuto uno. El cuerpo dijo: “Ahí va, esto me suena”, y de repente hizo pop y pop, como le ocurre al meteorito caído en el mar en “La estrella misteriosa” de Tintín. Esas setas que crecen espontáneamente y explotan me recuerdan a mis pechos.

Niño

¡Oooole la camiseta reventona! Menos mal que no es una camisa, que si no me llamarían como lo hacía la sobrina de un ex, hace años, cuando yo tenía un pechamen considerable. Porque mi delantera, aunque nunca me ha faltado, crece y mengua dependiendo de los kilos que pese –o de lo embarazada que esté-, así que es cambiante. A lo que iba, me llamaba: “Botón prieto”.

Botón prieto aparte, me da la impresión de que voy a sufrir dos explosiones. Por favor, ¿alguien sabe si alguna vez ha muerto una mujer de un estallido de tetas? Porque tengo miedo. Me duelen tanto que no me las puedo ni mirar fijo. Parece que me las he operado y que se han confundido a la hora de rellenarlas. En vez de silicona, plomo. Ahora, tengo una pinta de mesonera bávara que no me la peso. Cuánta potencia.

En el aire

No me puede gustar más pillar las cosas al vuelo, nunca mejor dicho…

Niño

A El Cachorro también le gusta lo que se sostiene en el aire. Ha descubierto que la naturaleza proporciona cosas incluso más divertidas que soplar una vela.

Niño

Y resuelve que si haciendo fuuuuuuu no obtiene los resultados esperados, donde esté una mano destroyer, que se quite lo demás.

Niño

¡Hale, ZASKA! De lo más efectivo.