Niño 2.0 y madre molona

Me FLIPA el dominio que tiene el canijo manejando el iPhone. Con qué soltura pasa de pantallas, cómo sabe que dándole al botón del centro desaparece ese teclado inoportuno, cómo cierra a la primera aplicaciones atinando en una crucecita de miniatura. Flipo, flipo y reflipo.

Niño

Lo domina tan bien que es él quien me tiene que enseñar a manejar mi propio móvil.

Niño

Pero también es un crío que sabe disfrutar a la manera tradicional. Colchonetas, rodillos, escaleras, rampas, agujeros, etc. Ahora, cuando hay que irse, El Cachorro lo entiende a la primera…

Niño

… A la primera pierna que le agarras y lo sacas a rastras. Pues eso, arrancarlo de una atracción no tecnológica también se hace complicadillo. Así que… si no puedes con el enemigo, únete a él.

Niño

Y ahí me hallo, arrastrándome y retorciéndome por túneles hechos para unos tamaños que no son los míos.

Niño

Un verdadero reto. Ah, pero qué favor me ha hecho mi hijo haciéndome madre. Qué gran excusa para volver a mi infancia.

Niño

La fuga

En casa de mis padres, después de comer caigo en el sofá. KO. Justo antes el Señor de las Bestias se lleva al nene al piso de arriba a que eche la siesta.

Al rato, emiten un partido de Osasuna y mis padres andan despotricando. E interpretando lo que ven. Por ejemplo, dos jugadores de equipos contrarios de enfrentan verbalmente con cara de pocos amigos, y no os perdáis a mi madre: “seguro que se están diciendo qué guapo eres y qué maja es tu madre”. ¡JAAAAAJAJAJAAAAHA! En fin, tras este inciso, continúo.
Resulta que en mi duermevela, aparte de sentir cómo se desesperan mis progenitores ante otra inminente derrota rojilla, percibo al pequeño pululando. En efecto llega, se me sube encima. Me despierta del todo. Y compruebo que el salón lo frecuentamos El Cachorro, sus abuelos y yo. Y me da por preguntar por su padre. Nadie sabe nada.

Pasados unos minutos, el Señor de las Bestias aparece.

Confiesa que en la habitación lo ha metido en la cuna, se ha sentado en la butaca, se ha quedado dormido ¡y el pequeño se ha escapado de la cuna trepando, ha bajado las escaleras y ha seguido de juerga! Mientras, él, se ha quedado soñando con los angelitos. ¡Pues no era el plan!

Ahora, esto no quita para que cuando El Cachorro se echa a dormir, lo haga a pierna suelta.

Niño

Frío combate

Si la nieve tuviera conciencia, temblaría. No de frío. El Cachorro la coge, la estruja, la tira, la chupa y se la come. Una paliza de cuidado.

NIño

El Cachorro tiene otra nueva víctima. Y que el daño colateral sea que se le congele la mano, se la pela.

NIño

Y aquí ando, separándolos, no vaya a ser que la pelea vaya a mayores.

Afeitado apurado

Aaaaay, con la carica tan suave e ideal que tiene mi niño…

Niño

Y todo llegará. Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaay, nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooaaaargh.

Hay que aprovechar, no, ¡exprimir!, el tiempo que le queda de niño. A pesar de que puedan ocurrir catástrofes. Porque, cuando uno se da un segundo la vuelta, aunque solo sea para hacerse una autofoto, pueden ocurrir muchas cosas…

Niño

Porque lo bien (y lo rápido) que escala el condenao ya os lo he contado mil veces, ¿cierto?

¿Alguien en la sala habla “Cachorrés”?

Descubrir, dos días después y porque le pillo señalándola, que “un hacha” o “lacha”, es “una ambulancia” o “la ambulancia”.

Niño

Bueh, pues si no es por estas coincidencias, no soy capaz de entender lo que dice mi hijo. Pillo pocas cosas. Sí, que lo que acaba en “el”, el nene lo termina en “en”. Su profesora Raquel es “Caquén” y el papel es “papén”. También se sienta en el sofá con un cuento, y da unas palmaditas a su lado y dice “mamá a setán”. Me manda sentar. Porque aquí quien cuenta los cuentos es él. Pues nada, lo dicho, a ver si me entero de qué va…

Teléfono

Se asoma a donde estoy yo y me informa: “Labuela no coque”.

Y una de dos, o ha cogido el teléfono y se ha encontrado con el “piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”, porque aún no sabe marcar (no sabe marcar un número reconocible. Por lo demás, aprieta tantos botones que debe de estar queriendo comunicar con Saturno), o ha querido llamar con esto:

Juguete niño

Lo gracioso del tema es que para el nene el teléfono solo pone en contacto con “labuelo o labuela” de Pamplona. Es su línea directa. Como le hable un día otra persona se va a descolocar total.

P.D. Por cierto, los habituales de este blog habréis comprobado que “coque” es lo mismo “toques” que “coge”… Cómo amortiza las palabras.

Corte de pelo conjunto

El Cachorro nos gusta más con el pelo (más bien el flequillo) largo, pero aún no tiene el estilo de su padre apartándoselo de la cara con la mano (o con movimiento sexy de cabeza) y tenemos que cortárselo.

Niño

El padre de la criatura encuentra en el nuevo corte una oportunidad para jugar a ser peluquero. Así que, ahora que la longitud del pelo lo permite, por las mañanas le planta una cresta. A pesar de que luego lo vista demasiado pijo/clásico para ese peinado…

Niño

La dichosa cresta, sin embargo, gana enteros y acaba haciendo mella en El Cachorro. Le da por poner cara de punkarra, de antisistema. Espero que eso quede solo en un gesto y no termine rebelándose contra sus (sacrosantos) padres.

Niño

Hielo

Descubre el hielo. Un mundo lleno de posibilidades.

Por un lado, divertimento: ¡a pescarlo!

Niño

Por otro, degustación: ¡al buche!

Niño

Finalmente, aprendizaje: “¡está frío de cojones narices!”

Niño

Tú no toques. Yo no toque.

“Eto é e mamá. No coque”.

Sí, si hay una Coca-cola light en los alrededores, suele ser mía. Y lo de “esto es de mamá, no toques”, se lo dice el nene (A SÍ MISMO) como un mantra. Pero así, como seguido. Como si la frase fuera indivisible, como si a la constatación de “esto es de mamá” fuera unido el “no toques”. ¿Será que lo he repetido unas pocas veces?

Niño

Sí que son graciosos los peques cuando hablan. Porque a esto que cuento se añade que este peque no controla las personas en los verbos, y cuando habla de sí mismo reproduce tal cual lo que le digo yo cuando me refiero a algo que tenga que ver con él.

“No coque a rueda, Shimó”, dice señalando la rueda de su “poto”. Porque le encanta tocarla y ponerla en movimiento con la mano y le digo que no lo haga porque la rueda toca el suelo y está sucia. Cuando no puede hacer algo, se dice a sí mismo “no puedes”. Y si se piña, suelta: “se cayó”. (Esto de que hable de él en tercera persona como Aída Nízar y Jordi Mollá, tengo que controlarlo. A ver en qué momento exactamente pasa de ser gracioso a resultar repelente).

Nada, que para qué utilizar todas las personas de los verbos. Diciendo “no teres” por “no quiero” o “no canta” cuando me ordena que no cante (ya hay un post este mes sobre este espinoso asunto, que es que no soporta que yo cante, el tipejo), se hace entender.

En definitiva: simplifica. Tanto que además un mismo verbo sirve para describir ese verbo y su contrario. Por ejemplo, “shubí” es que quiere subir, y también que quiere bajar.

Arroz con tomate y dulce de leche

- ¿Quieres leche?
– No.
– ¿Zumo?
– No.
– ¿Queso?
– No.
– ¿Jamón?
– No.
– ¿Galleta?
– No.
– ¿Qué quieres?
– ¡Arroz!

Y arroz ha desayunado.

Niño

Y luego ha visto las tostadas que me estaba preparando y ha querido probar, claro. Así que a tan variado menú se ha sumado el pan con mantequilla y dulce de leche.

Niño