¿Te vas a ir?

Llegué ayer de un viaje de ocho días fuera de casa y hoy ya es la tercera vez que El Cachorro me suelta: “¿Te vas a ir, mamá?”

niño

Lo hace cuando me ve cambiándome de ropa, o saliendo de una habitación… Así que lo he cogido por banda para explicarle que mamá tiene un trabajo en el que se viaja (de hecho, como fue a despedirme al aeropuerto, él dice que su mamá trabaja en un avión) y que más adelante me iré unos días, pero que ya le avisaré, que ahora no me voy a ningún sitio. Y ya se ha quedado tranquilo.

En verdad da gusto este crío. No hay como ser clara con él, sincera, explicarle las cosas, para que lo entienda y lo asuma.

niño

Pero ahora me han adelantado un viaje y en dos semanas emprendo el vuelo de nuevo. Hale, a volver a concienciarlo. Se va a hacer la picha un lío, el pobre.

Un monstruo en la familia

Cuando rompe algo, primero te quiere colar un “se ha roto”, como si fuera cosa del afán de autodestrucción del objeto en cuestión, y cuando le haces ver que no te lo tragas, te vuelve a intentar convencer de que no ha sido él, que ha sido el monstruo.

niño

¡El monstruo, tú! Lo saca a colación cada dos por tres. Qué bonito es eso de tener un monstruo a mano para echarle la culpa… No sé ya si ponerle otro plato en la mesa y todo.

Hablando de platos en la mesa. Y de monstruos en la imaginación de un niño, o en sus sueños…

niño

He aquí la virtud para quedarse dormido durante la comida. A ver si dice algo del famoso monstruo cuando despierte. ¡Lo mismo le echa la culpa de haberse comido su plato!

En la vida consciente, lo que veo es que ahora nos va a tocar cargar con dos…

niño

Este sí que es un experto en caer en los brazos de Morfeo mientras está amorrado al biberón.

Se habla poco de la comida como somnífero.

¡¡Que no me quiero sentar en la Maxi Cosi, cojón!!

Que si hay que meterse en un espacio mínimo, como sardinillas, se meten sin problema.

niño

Porque de normal entrenan en contorsionismo y llaves de judo.

niño

O sea, que sé que cuando Don Bimbas quiere, puede. Pero cuando no quiere, NO QUIERE Y PUNTO

niño

Es el bebé-palo. Se pone rígido y duro como un tabique de acero. Que te sientas encima y no lo doblas, de verdad de la buena.

niño

Esto tiene que ser una figura gimnástica o algo por lo que den puntos, seguro. Lo siguiente es vomitar verde y dar vueltas a la cabeza.

Volver a ser tú

niño

¿Recordáis la congoja que tenía hace cinco días por tener que largarme de viaje de trabajo y dejar a mis pequeños? Pues mañana vuelvo a casa y me dicen: “Tendrás ganas, por tus hijos”, y será porque he desconectado, porque sé que en Madrid las cosas no solo marchan sobre ruedas sino que ha habido grandes avances en lo que respecta a la alimentación del pequeñito, porque Namibia me ha encantado, porque he vivido nuevas experiencias, porque me he reído, porque hemos formado un grupo muy majo…

niño

… porque hemos cantado a grito pelado canciones de los 90 en los largos trayectos en coche, porque hemos visto y hecho cosas alucinantes, porque nos ha perseguido un elefante, porque hemos surfeado una duna, porque nos han hablado en un dialecto fascinante con el que chasquean la lengua, porque el guía que estaba de bastante buen ver me hacía ojitos… porque solo era yo, Amaya, y no Amaya mamá, Amaya ama de casa, Amaya organizadora… pero no, no tengo NINGUNA gana de volver ya, fíjate por dónde.

niño

Un pequeño hombre con grandes preocupaciones

Se lleva el Señor de las Bestias a El Cachorro a la finca de animales que tiene, y mientras trabaja en la oficina, se lo endosa a una que trabaja allí.

niño

Y ella le cuenta que le dice a mi pequeño: “¿Quieres ir a ver a las rapaces?”, y le contesta: “No”. “¿Por qué?”, le replica ella. Y el otro: “No puedo, tengo muchas preocupaciones”.

Total, que se le debieron pasar porque acabaron yendo. Le dice ella: “Ven, que te voy a enseñar a Balín”. Balín es un búho. Y le suelta El Cachorro: “No”. “¿Por qué?” “Porque tiene pico, y si tiene pico, pica”.

Tacatá.

Milagro

Estoy de viaje y me envía el Señor de las Bestias un vídeo inaudito: nuestro bebé BEBIENDO LECHE DE UN BIBERÓN.

niño

No, si dicho así, y si no habéis leído posts anteriores, igual no es muy alucinante. Pero si os digo que las tetinas las ABORRECÍA, que llevamos dos meses y medio intentando que se lleve bien con un biberón y ya dándonos con un cantico en los dientes solo porque recientemente habíamos conseguido que lograra beber agua (y solo agua) de uno de ellos, que estábamos desesperados, la cosa ya pinta distinta, ¿no?

En efecto, los pediatras a los que nos hemos hartado de visitar desde que Don Bimbas cumplió seis meses y empezamos a ver que lo de su enganche a mis pezones era preocupante, ya nos dijeron que ningún niño del Primer Mundo se había muerto de hambre. Así que cuando el chiquitico ya asumió que yo no estaba, se ve que empezó a considerar, por fin, otras opciones.

Yo tenía que haber desaparecido de casa una semana como hace un par de meses…

(Esto sí es un regalo de cumpleaños. Que, por cierto, es hoy).

Niño occidental vs. niño tribal

Estoy en Namibia.

niño

Hoy nos hemos dejado caer por un poblado himba. Las mujeres viven con los pechos al aire, llevan barro en el pelo y no se lavan con agua, pero van de un elegante que tira para atrás.

niño

La alimentación de esta tribu es bastante elemental. Leche, carne de cabra… Veo a una himba preparando algo en un caldero. Es mantequilla. Y detrás de ella, un bebé que debe pesar tonelada y media. Está sentado, tan pichi. Pregunto cuántos meses tiene. “Seis”, me dicen. “¿¡SEIS?!”, Dios mío, ¡el mío tiene ocho y es la mitad que ese crío! Y todavía no se sienta, y si lo hace aún pendulea y se acaba esmorrando. Luego dirán que nosotros somos los adelantados… Menuda raza de chichinabo estamos hechos.

Mamá no está

Me cuenta el Señor de las Bestias que la noche del día en que me fui, mi bebé me andaba buscando. Estaban sentados en el sofá, y mi pequeño veeenga mirar hacia la puerta de entrada del piso.

“Mamá no está”, le dijo su padre. Pero él no dejaba de mirar. Así que se levantó con él en brazos y se pusieron a recorrer la casa. “Mira, no hay nadie en la cocina”, y cuando el pequeño comprobaba que, en efecto, yo no estaba, volteaba la cabeza hacia otro lado, hacia otra estancia, en plan “llévame hacia allí, a seguir examinando”. Así, fueron cuarto por cuarto, y mi chiquitín reaccionaba igual: veía que yo brillaba por mi ausencia y volvía la cabeza hacia otra habitación. Cuando era una evidencia que yo, definitivamente, no estaba, el Señor de las Bestias le confirmó: “¿Ves? Mamá no está. Volverá en unos días”. Así que se sentaron de nuevo en el sofá del salón y, entonces, se durmió.

niño

Tocarte la china

También es mala suerte montarme en un avión de diez personas por fila y dos pisos con la ilusión de, por fin, ¡por fin!, ¡después de ocho meses seguidos!, DORMIR como una ceporra, que falta me hace, y que cuando apaguen la luz para planchar lo oreja, lo haga todo el mundo menos yo y los padres del BEBÉ QUE ESTÁ LLORANDO justo en la fila anterior derecha a la mía.

madre

Por si no tuviera suficiente con lo mío.

Me cago en todo lo que se menea.

Adiós pequeños

Me preguntaba una compañera de curro que por qué le iba a contar a mi hijo que me iba de viaje de trabajo una semana. Ella prefiere ocultarlo y que luego el padre explique sus ausencias con un “es que hoy mamá ha llegado tarde de la oficina y no te ha visto”, y así. ¿Su hija se traga esa bola día tras día tras día?

A mí ese método no me convence. Desde siempre le he expuesto a mi hijo las cosas. Qué hace mamá, cuándo se va, adónde, durante cuánto tiempo, por qué, quién se queda cuidándolo, etc. Nunca jamás se lo he dejado a una amiga para que me lo cuide una noche y me he escabullido mientras él estaba distraído; es más, si lo estaba, le llamaba la atención: “Cariño, mira, mamá se va, ¿eh? Vuelvo a por ti mañana”, para que le quedara bien claro. Que se diera cuenta de la jugada. Nada de decepciones sorpresivas luego, que sientan a cuerno quemado.

Quizá por eso no derramó una lágrima ni lo pasó mal cuando ya hace justo un año me separé de él durante cinco semanas (casi me da un yuyu). Lo asumió y lo vivió todo con conciencia y naturalidad. Jamás le engaño ni le miento. Así que ahora que me voy una semana y además es un año mayor, con más razón, y con días de antelación, le informo.

niño

Él no lo pasa mal (o eso parece), pero yo… Estoy tristona y nerviosa y hace dos noches, que tenía un gas de esos criminales en la tripa que no me dejaba ni moverme y con el que veía las estrellas, rezaba para que fuera una apendicitis y así tuviera una excusa para quedarme.
Jo, es que ahora ya no dejo a uno, sino a dos. Un bebé que tiene mucho apego y del que jamás me he separado, y que me utiliza para comer y para dormir, y mi chico grande, que aunque es independiente y sociable, le encanta estar con sus papás, y más ahora, que sus amiguitos están de vacaciones.

Ay, madre.

niño

Puff, el chiquitico es muy chiquitico. Ocho meses. La primera vez que me fui cinco días fuera a trabajar cuando El Cachorro ya estaba en mi vida, tenía un año y siete meses. Era un año mayor que Don Bimbas. Buah, qué durito.

El caso es que hoy ha llegado el fatídico día en el que salgo de viaje. Me acompañan mis pequeños al aeropuerto. Yo ando con un bolo en el estómago que ni os cuento. Los achucho y me los como a besos. Me escoltan hasta que ya no pueden avanzar más y me despido. El Cachorro se me abalanza: “Te doy muchos abracitos para que los guardes”. ¡BUE-NO!, no sabe hasta qué punto me atraviesa el corazón. Y ya, cuando nos separamos del todo, me grita desde la distancia, mientras me dice adiós con la mano: “¡Pásalo fe-no-me-nal!” Pero así, con pausas silábicas.

niño

Fenómeno es él. Un niño que no te lo crees. ¿Cómo es capaz ser consciente de que necesito que me lo ponga fácil?