¿Y si hay sexo? ¿Y si me enamoro? Ya lloraré mañana

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Perdonadme porque la semana pasada os fallé y no tengo excusas. Aunque si me disculpáis, que sé que lo haréis, os confesaré que ando un tanto desconcertada estos días, como desorientada, sin rumbo y en el lodo. Bueno, lo del lodo es broma, que tampoco estoy tan mal. Vuelvo a marcharme a Chicago y estaré seis mesecitos por ahí. Retorno para continuar mi aventura, esa que deje a medias por un sueño que finalmente no se cumplió.

Y a poco menos de un mes de mi partida me atormenta un dilema del que quiero haceros partícipes. Os cuento. Hay un chico, más bien un hombre, que acaba de entrar en mi vida como un elefante en una cacharrería y poniendo mi mundo patas arriba. Nos conocimos hace dos semanas una noche en la que yo iba ciega como un piojo y todo me la pelaba. Tantísimo, que cuando vi a ese empotrador disfrazado de cowboy, no me temblaron las piernas ni me sudaron las manos y me acerqué a él sin miedo. Le dije Aupa (hola en euskera) y empecé a tocar brazo y pechito para rodearle mientras bailaba en plan sexy y le desabrochaba los primeros botones de su camisa de leñador, hasta que me suplicó que me detuviera, que me estás poniendo malo (oséase; on fire) y que lo que quería era secuestrarme y llevarme al hotel a hacerme no sé qué cosas.

Me imagino que el plan no era tejer una bufanda entre los dos, intuyo que lo que querría sería follarme a lo bruto como si no hubiera mañana, pero entre el ruido, unas cosas y otras, no me enteré de la copla. El caso es que ese macho tenía compromisos y no podía atenderme esa noche.

-Me he quedado sin batería (Éste es de los míos, pensé). Dime tu teléfono y mañana te llamo. Me lo repitió lentamente, yo asentí como lo hacen los borrachos, y se despidió de mí hasta mañana. No daba un duro, esa es la pura verdad, pero al día siguiente me escribió.

-Hola Pepita, no sé si sabes quién soy ni si recuerdas que me diste tu teléfono. Flipé en positivo y le escribí.

-Claro que le recuerdo caballero, es usted el cowboy que conocí en el garito de ayer. Lo del “usted” es un resorte al que recurro de cuando en vez para darle un toque de treatralidad a la situación, una chispita a la vida, que si no el paso por este valle de lágrimas es un coñazo de padre y muy señor mío. Bueno, la historia es que no me acordaba demasiado de su rostro, aunque si recordaba que estaba muy muy buenorro y que había intentado desnudarle como si fuera una pervertida en un local de striptease. Le dije que me pasara alguna fotillo, que no me acordaba mucho de él. Con un par. Las fotos me gustaron y nuestras conversaciones me convencieron para quedar con él.

Así es como este cowboy, al que conocí en la penumbra de aquel garitazo de rock, ha aparecido en mi vida. Es más vasco que la txapela y la ikurriña juntas, algo que como bien sabéis, no puede pirrarme más. Tiene, no ocho, sino dieciséis apellidos vascos. Y no, no me los he aprendido todavía, que son muchos y muy largos.

Pongamos que se llama Iker. Es un lobo de mar, músico, amante de la montaña y tiene unas cuantas primaveras más que yo. Luce dentadura profident y se gasta unos brazos que como todo lo tenga así de duro, me muero del gusto. Carne de montaña, nada de gimnasio, que a mí los que se machacan a pesas en el gym, nasti de plasti. Y tiene unos ojos tan bonitos y tan penetrantes que le comería todo. Y digo que le haría y le comería porque resulta que me tiene a pan y agua y aún no ha habido sexo. Bueno, besitos y tocarnos sí, que tampoco somos dos extraterrestres, pero nos lo estamos tomando con calma. Pero vamos, a este me lo follo como que me llamo Pepita, eso lo saben hasta los chinos. (Menos lobos, Pepita).

Salvajemente carismático, me da a mí que tiene más horas que un piloto, pero a la vez se le nota que tiene el corazón de los buenos tipos. Comparte conmigo la pasión por el mar y está conmigo en esa obsesión tan mía de bailar alrededor del mundo.

 

Pero lo que más me gusta de él es que no es un cobarde, que va por la vida con un par de huevos, pisando fuerte, se muere por vivir y no le asusta el hecho de que yo sea un poco locatis. Sambenito, que por cierto, ya no hay manera de quitarme, aunque tampoco lo pretendo porque no espero que la mayoría de la gente me entienda, sería una locura que lo hiciera. Tengo la teoría de que en el mundo de los locos el cuerdo es el loco. Tomároslo cómo queráis.

¿Y dónde está el problema pensaréis? Pues la jodienda está en que yo me las piro en breve y no sé si tiene algún sentido continuar con este affaire para el que hay cuatro posibles escenarios y no sé si me convence alguno de ellos. Veamos.

a) Que él se pille y yo no: Mal, porque a mí no me va nada eso de hacer sufrir a los demás y no tengo ningunas ganas de joderle al lobo de mar.

d) Que los dos nos pillemos. Pfffff, pues fatal también, porque yo me voy (insisto, por si se os olvidaba el pequeño detalle) y aunque tengo billete de vuelta, estas cosas nunca se saben. Una, cuando se va, sabe cuando y adónde se marcha, pero los planes no son inamovibles y todo puede ocurrir. Para más INRI, a mí la distancia me da repelús, urticaria y un acojono que no veas. Y ya se sabe, Amor de lejos, amor de pendejos.

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b) Que él no se pille ni yo tampoco: Creo que casi sería la mejor opción para que no hubiera damnificados. Cenamos, paseamos, nos vamos a la cama, jiji jaja, que bien que nos caemos, qué guay que follemos, pero al final vemos que de lo que tenemos al somos amor hay mucho trecho, que no somos lo que estamos buscando. Fenómeno, de puta madre, así nadie sale escaldado. Pero claro, seguir pa ná es tontería. ¿No creéis?

c) Que yo me pille y él no. Esta opción sería la gran putada, porque yo en el fondo, si me pillo, -que me he pillado poquísimas veces, pero cuando me pillo, me pillo a lo grande- soy una moñas de campeonato y lo pasaría fatal. Ya me veo yo en Chicago, llorando a moco tendido, gastándome una pasta en conferencias para llamar a mi amiga Marta y macharcarla con la preguntita de los cojones ¿Se me pasará? Ya me veo también tirando de Tinder como una posesa y follando cual enajenada de la vida para entretenerme y que se me pase de una puñetera vez lo del vasco. Pfffff, casi que ni me arriesgo.

Así que amig@s, no tengo ni pajolera idea del modus operandi que procede en esta ocasión. No sé si seguir quedando, o dejarme de tonterías. Si follar o no follar. Si chupársela o no chupársela. Si cortar por lo sano o abandonarme en cuerpo y alma a lo que tenga que suceder, y si hay hostia, ya lloraré mañana.


¿Qué hago chic@s molonas? Decidme algo, por favor no me abandonéis, no medejeís sola en esta encrucijada del amor.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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